Apunte Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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Jordi Sànchez, secretario general de Junts per Catalunya.

Jordi Sànchez, secretario general de Junts per Catalunya.

Tras unos días de humedad pegajosa todo el mundo desea que llueva. Aunque cabe el peligro de que llueva fango. Es lo que ha sucedido en la política catalana, que llevaba días de insomne pugna entre los socios de Gobierno. Al final, llovió fango. Un lodo que es metáfora de lo que ha sido el día en la política catalana. Otro ejercicio público de bochorno por un enfrentamiento que empezó con la filtración a la prensa de la decisión de Junts per Catalunya de llevar a la mesa de negociación con el Gobierno de España a 'consellers' y dirigentes del partido, y que derivó en la suspensión de la reunión del Gobierno catalán, una comparecencia contundente de Pere Aragonès rechazando la propuesta de Junts, y una réplica desabrida de Jordi Sànchez, acusándole de plegarse a las exigencias de la Moncloa. Bochorno y fango, como en la meteorología. Con la diferencia de que en lo que al tiempo se refiere, el anticiclón de las Azores todo lo resuelve, mientras que nadie sabe cómo terminará el lío en el que la formación liderada por Carles Puigdemont ha metido al Gobierno catalán.

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Cuando llueve barro, las calles se ensucian hasta que otra lluvia reparadora vuelve a sacarle el brillo a la ciudad. Cuando unos dirigentes políticos se enfangan en un enfrentamiento como el de hoy, no hay lluvia que restañe las heridas. En el universo independentistas, decirle 'no' en público a Puigdemont se paga. Y sostener que el presidente de la Generalitat acepta vetos de Pedro Sánchez es una acusación que no se olvida. No es de extrañar que muchos se pregunten por la capacidad de los socios del Gobierno catalán de seguir compartiendo la mesa del Consell tras el encontronazo de hoy, que las redes han transformado en una retahíla tragicómica de insultos mutuos. Es legitimo formularse incluso la pregunta de si Aragonès podrá recorrer toda la legislatura con un Gobierno que se ha partido por la mitad en vísperas del ‘sit and talk’ que los independentistas siempre habían considerado como una victoria. No hay lluvia que se lleve tanto barro.