Pros y contras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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Protesta contra las agresiones homófobas convocado por la Plataforma LGTBI, en junio Barcelona.

Protesta contra las agresiones homófobas convocado por la Plataforma LGTBI, en junio Barcelona. / JORDI OTIX

La razón requiere tiempo, la emoción es inmediata. La primera se sostiene con el pensamiento, el conocimiento. La segunda golpea el vientre, prende en la piel. A lo largo del día tomamos una infinidad de decisiones, algunas tan nimias como tomar un café extra, en las que la razón y la emoción intervienen. A veces, en armonía. Otras, en conflicto. Que Internet y, especialmente, las redes sociales han alterado nuestras vidas es innegable. Incluso sin estar conectado a ellas se siente su urgencia. Una dinámica que tanto se impone en la transmisión de noticias como en las relaciones. Mejor dicho, en el consumo de relaciones.

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El reciente caso de la denuncia falsa de Malasaña muestra un riesgo más de la inmediatez. Mientras la policía aún investigaba los puntos oscuros del caso, políticos, medios y la sociedad en general se movilizaban. Se convocaron manifestaciones, se derrocharon declaraciones y se improvisaron teorías... hasta que se supo que el relato era falso. Y la mentira dio alas a la ultraderecha que no desaprovechó la oportunidad de confundir la anécdota con el todo, mientras la crispación se disparaba en las redes. La emoción se impone y la razón calla, acosada por la urgencia del odio.

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