OPINIÓN

Djokovic, el desafío permanente

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Djokovic llora tras caer en la final ante Medvedev.

Djokovic llora tras caer en la final ante Medvedev. / USA TODAY

Novak Djokovic nunca será el mejor bailarín que se ha visto sobre una pista de tenis como lo ha sido Roger Federer. Su espíritu combativo y la empatía con el público, posiblemente, no podrá igualar el carisma de Rafael Nadal y parece complicado que el Grand Slam de Rod Laver vuelva a estar a su alcance, después de ganar de corrido este año los títulos en Australia, Roland Garros y Wimbledon. A pocos metros de la ansiada cima, a falta de un solo partido, Daniil Medvedev le arruinó la proeza y se alzó con su primer grande en el tercer intento. 

A pesar de esa derrota, seguramente la más dura de su carrera y por la que por primera vez se le ha visto llorar en público, Djokovic ya se había ganado por méritos el derecho de estar en lo más alto de la historia del tenis con ese triple empate a 20 de Grand Slams que comparte con Federer y Nadal. Sus estadísticas son igual de abrumadoras que las conseguidas por el suizo y el mallorquín, rivales de una época en la que han dominado el circuito repartiéndose 60 Grand Slams desde que Federer ganara el primero en Wimbledon 2003 y Djokovic conquistara el último, también sobre la hierba inglesa este año.

Entre los tres se han repartido la friolera de 276 títulos (103, Federer; 88, Nadal y 85, Djokovic). Y su voracidad aún no se ha acabado aunque la transición es inevitable en una carrera contra el tiempo y ante nuevos talentos dispuestos a tomar el relevos pero que difícilmente alcanzarán las cifras galácticas del 'Big Three'.

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Los problemas de Federer y Nadal han dejado esta temporada a Djokovic muy solo para frenar el asalto de la ‘Next Gen’. El tenista serbio lo ha logrado en Australia ante Medvedev, en Roland Garros ante Stefanos Tsitsipas y en Wimbledon ante Mateo Berrettini

Djokovic lleva 338 semanas de número uno, se ha asegurado acabar el año en esa posición superando el récord de Pete Sampras que lo logró en seis ocasiones y no va a tirar la toalla en un reto permanente por seguir haciendo historia.

* Fe de errores

Novak Djokovic nunca será el mejor bailarín que se ha visto sobre una pista de tenis como lo ha sido Roger Federer. Su espíritu combativo y la empatía con el público, posiblemente, no podrá igualar el carisma de Rafael Nadal y parece complicado que el Grand Slam de Rod Laver vuelva a estar a su alcance, después de ganar de corrido este año los títulos en Australia, Roland Garros y Wimbledon. A pocos metros de la ansiada cima, a falta de un solo partido, Daniil Medvedev le arruinó la proeza y se alzó con su primer grande en el tercer intento. 

A pesar de esa derrota, seguramente la más dura de su carrera y por la que por primera vez se le ha visto llorar en público, Djokovic ya se había ganado por méritos el derecho de estar en lo más alto de la historia del tenis con ese triple empate a 20 de Grand Slams que comparte con Federer y Nadal. Sus estadísticas son igual de abrumadoras que las conseguidas por el suizo y el mallorquín, rivales de una época en la que han dominado el circuito repartiéndose 60 Grand Slams desde que Federer ganara el primero en Wimbledon 2003 y Djokovic conquistara el último, también sobre la hierba inglesa este año.

 Entre los tres se han repartido la friolera de 276 títulos (103, Federer; 88, Nadal y 85, Djokovic). Y su voracidad aún no se ha acabado aunque la transición es inevitable en una carrera contra el tiempo y ante nuevos talentos dispuestos a tomar el relevos pero que difícilmente alcanzarán las cifras galácticas del 'Big Three'.

 Los problemas de Federer y Nadal han dejado esta temporada a Djokovic muy solo para frenar el asalto de la ‘Next Gen’. El tenista serbio lo ha logrado en Australia ante Medvedev, en Roland Garros ante Stefanos Tsitsipas y en Wimbledon ante Mateo Berrettini

Djokovic lleva 338 semanas de número uno, se ha asegurado acabar el año en esa posición superando el récord de Pete Sampras que lo logró en seis ocasiones y no va a tirar la toalla en un reto permanente por seguir haciendo historia.