El papel del Monarca Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Leer la cartilla

Es comprensible que Lesmes reprochara a los partidos la falta de renovación del CGPJ pero estuvo fuera de lugar su crítica a los indultos, y el Rey erró al no distinguir entre una crítica y la otra

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Carlos Lesmes en presencia del rey Felipe VI, durante la inauguración del pasado año judicial.

Carlos Lesmes en presencia del rey Felipe VI, durante la inauguración del pasado año judicial. / J.J. GuillÃn (EFE)

Con motivo de la apertura del año judicial, el Rey se acercó a un corrillo de políticos de distintos partidos. En alusión al discurso del presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), les dijo en tono distendido: “Os ha leído la cartilla a todos”. Ese comentario podría quedar en una simple anécdota, y tal vez no sea más que eso. Sin embargo, se enmarca en una crisis institucional grave y merece una reflexión sobre el papel del Rey.

Cuando a alguien le “leen la cartilla”, se entiende que se le recuerdan sus obligaciones. Y resulta que el Rey, por su comentario, interpreta que el presidente del CGPJ lo había hecho en una intervención con dos reproches: el primero, al Gobierno, por los indultos a los presos independentistas; el segundo, a los partidos que no se ponen de acuerdo para renovar el CGPJ. Felipe VI cometió ahí un error, porque no supo distinguir lo fundado y lo infundado en las críticas de Lesmes.

La falta de renovación del CGPJ me parece un escándalo. La Constitución, en artículo 122.2, otorga a sus miembros un mandato de cinco años. Tras más dos años sin renovarse, es obvio que estamos ante un incumplimiento constitucional. En lo que no todo el mundo coincide es en señalar a sus responsables. Para unos, el PP hace bien en condicionar la renovación a una reforma de la ley para hacer que los jueces sean los que elijan a los jueces. Otros, entre los que me cuento, opinan que el PP no debe condicionar el cumplimiento de la Constitución a la reforma de una ley. Pero, al margen de esas diferencias, me parece comprensible que Lesmes reprochara a todos los partidos la falta de renovación del CGPJ. Las principales fuerzas políticas tienen la obligación de ponerse de acuerdo.

En cambio, creo que la crítica de Lesmes a los indultos está fuera de lugar. El Gobierno, al concederlos, hizo uso de una prerrogativa legal, y el presidente del CGPJ, que lo es también del Tribunal Supremo, no debería valorar la actuación del poder ejecutivo en el ámbito de sus atribuciones. La separación de poderes entre el Gobierno y el poder judicial exige respeto mutuo, y abstenerse de críticas institucionales por lo que cada uno haga en su propio terreno.

El PP tiene todo el derecho a criticar los indultos. Pero cuando lo hace el presidente del CGPJ se sitúa fuera de la cartilla y se alinea con un partido político. Eso debería saberlo Felipe VI, y ser más cuidadoso con sus comentarios informales. No debió dar por buena la amalgama de Lesmes, que mezcló los indultos con la renovación del órgano que preside. Y no se trata de leerle la cartilla al Rey.

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Sería pretencioso y, sobre todo, hay poco que leer en lo que le concierne. En la Constitución se indica que el monarca “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones” (art. 56.1), y estamos en un momento en el que el CGPJ, que es un órgano constitucional, no funciona de modo regular. Desde mi punto de vista, el Rey está habilitado por la Constitución para ejercer su influencia sobre los partidos para que se desencalle de una vez la renovación pendiente. Como jefe del Estado, debe comportarse con discreción, para que no aflore nada que pueda poner en entredicho su neutralidad. Pero estaría bien que hubiera noticias de que se interesa por el problema, de que habla con los líderes políticos y que pone de su parte para solucionar la crisis institucional.

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No es sencillo, y correría el riesgo de ser acusado de estar a favor de unos u otros en una controversia política. Un riesgo tan alto como el nivel de polarización política en el que nos encontramos. Pero, por otra parte, el Rey debería tener en cuenta que su pasividad aparente también puede ser vista como falta de neutralidad, porque la falta de renovación del CGPJ parece irle muy bien al PP. Dicho de otra manera, la pasividad no refuerza la imagen del Rey. A pesar de los riesgos, me parece que es preferible que el Rey haga algo, y que se haga saber.

Felipe VI puede emplear sus cualidades personales, y la educación para la jefatura del Estado que recibió. Dispone de la asesoría de profesionales con experiencia en diplomacia y en comunicación política. Con eso puede ser más productivo que con un comentario superficial y desacertado.