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Emma ante el espejo

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Nausicaa Bonnín y Emma Vilarasau en ’Eva contra Eva’.

Nausicaa Bonnín y Emma Vilarasau en ’Eva contra Eva’.

Bette Davis fue mujer de carácter. Una contestataria de su tiempo. Un torrente de solvencia y mala leche. Y como tal, desempeñó una serie de excelentes trabajos cinematográficos que le valieron fama adicional de actriz difícil. Asumido, al final de sus días concluyó: “Yo fui el Marlon Brando de mi generación”. 'All about Eve'(1950), aquí aplaudida como 'Eva al desnudo', fue uno de sus momentos culminantes. La crítica la elogió. 'Fotogramas' la describió como “una historia de admirable construcción dramática que aúna inteligencia con brillantez”. Y sobre aquel film de Joseph L. Mankiewicz, Pau Miró ha hecho una adaptación libre en la que confronta a “dos actrices, de dos generaciones muy diferenciadas, que han de interpretar un mismo personaje. En esta coincidencia -explica el programa de mano- topan dos maneras de entender la vida y la profesión”. Vida que, a veces, es como un juego de espejos colocados aleatoriamente, según la directora Silvia Munt que se pregunta: “¿Somos realmente lo que los otros ven de nosotros?, ¿somos lo que nosotros creemos que somos?” Menudo dilema. Para contestarlo mejor que sigamos el camino marcado por Rilke: el único viaje es el viaje interior.

A esto ha tenido que enfrentarse Emma Vilarasau Tomás (Sant Cugat del Vallés, 6 de abril de 1959) en su edad de la experiencia. A conocerse un poco más como la gran actriz que es pero que se resiste a aceptarlo. Piensa que todavía no lo ha dado todo. Que la popularidad y el elogio no pueden confundirse con la vanidad y el éxito porque como sentenciaba Bette Davis en la película, “todo el mundo me conoce, todo el mundo. Yo, en cambio, no he conseguido conocerme todavía”.

Si esto le pasa a la Vilarasau quizás sea porque su dilatada carrera le ha proporcionados tantos y tan buenos papeles que, quedándoselos todos para interpretarlos mejor, en algún momento una cierta confusión puede haber anidado en su mente por vivir la vida de otras sin dejar de vivir la propia. Y porque, como se diría de otra Emma (Bovary) “conocía la mezquindad de las pasiones que el arte exageraba”.

La televisiva Eulàlia Monsolís de 'Nissaga de poder' se siente querida por el público y sabe que no puede fallar. Aquí entra su alto sentido de la responsabilidad que exagera su cuota de autoexigencia. Y aunque trabaje denodadamente para hacer suyo el personaje sabe que debe evitar el secuestro de la obra ajena. Pero se entrega tanto que no entiende que no lo hagan quienes, detrás del escenario, debieran empujar un montaje del que tampoco quiere ser el eslabón perdido. Por mucho que este sea el que consigue el aplauso después compartido. No es extraño pues, que al verse glamurosamente fotografiada para el cartel de 'Eva contra Eva', emulara a la protagonista y entrara en crisis.

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El cigarrillo en la mano, como el habitual de la Davis, sujetado por elegantes dedos coronados con uñas pintadas a conjunto con el carmín de los labios del deseo. Gafas de sol que podrían oscurecer un semblante de dolor y resaca en contraste con el blanco del elegante vestido son elementos que advierten de que Hollywood no está lejos del teatro Goya.

Por esto Lluís Pasqual afirma que “cuando Emma sube al escenario, brilla una estrella. Desde el primer día”. Él lo sabe porque estaba allí. Las jóvenes impacientes tendrán que esperar.

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