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En la fiesta nacional, me quedo en la cama igual

Para evitar el desplome de asistencia a la Diada Nacional-Lacista, la Generalitat ha lanzado un cartel cursi, de color rosa y con un tipo calvo que igual puede ser Pau Casals que el calvo de la lotería

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En la fiesta nacional, me quedo en la cama igual

CARLOS MONTANÉS

Este sábado no es la Diada Nacional, este sábado es el día en que los lacistas salen a berrear y a insultar. Cierto que eso lo hacen siempre, alérgicos como son a toda discrepancia, pero el 11-S lo hacen con cobertura televisiva, así que al gritar deben componer un gesto institucional, por más que las instituciones hayan alcanzado en esta desgraciada tierra su nivel más bajo de los últimos 3.000 años.

Si no asistí jamás a una Diada cuando era catalana, no asistiré ahora a la Diada Lacista, que si te despistas te venden una camiseta. Ni siquiera el más independentista de mis hijos -qué disgusto tuvo el pobre, cuando en una excursión campestre, una cabra se le zampó el lazo amarillo- piensa acercarse a la manifestación. En mi familia cada uno tiene sus razones para dejar plantada a la Paluzie y al ‘governet’ en pleno, y las de mi hijo son más poderosas que las mías.

-¿Nos cierran el ocio nocturno y cuando les conviene, pretenden que nos juntemos en una manifestación? Va a ir su p. madre.

Lo que no tiene el chico de bien hablado, lo tiene de sincero. En algo le habré influido, puesto que, aunque independentista, sabe reconocer que hay cosas más importantes que Catalunya, una de las cuales es divertirse. Como me sucedió a mí, a fuerza de cumplir años lo que le va a costar será encontrar algo menos importante que Catalunya. Tiempo al tiempo.

Si lo que tengo en casa sirve como barómetro, la Diada Nacional-Lacista -cada vez se va pareciendo más el nombre a Nacional-Socialista- será otra reunión de catalanes de mediana edad, la mitad jubilados y la otra mitad pendiente de su pronta jubilación. Por lo menos no faltará tema de conversación, tú cuánto cobras de pensión, tú crees que a mí me va a llegar, a mí me faltan todavía cinco años, y en este plan.

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Ir a gritar una vez al año no hace daño, así visitan Barcelona, hay que ver lo que ha crecido la Sagrada Família desde el año pasado, anda, 26 euros la entrada, en Madrid seguro que los jubilados entraríamos gratis. No, gritar -con moderación, que ya tenemos una edad- no es malo, lo malo es seguir dando la tabarra con 1714, que si éramos una nación, que si el decreto de Nueva Planta, que si etcétera. No imagino a un monárquico francés dando la brasa con la familia real tan maja que tendrían de no haber sido por la Revolución Francesa, y eso que esta es 75 años más reciente. Un pueblo que pierde sus orígenes pierde su identidad, pero un pueblo que vive apegado a sus orígenes, jamás evoluciona y encima es un pelmazo.

Para evitar el desplome de asistencia a la Diada Nacional-Lacista, la Generalitat ha lanzado un cartel cursi, de color rosa y con un tipo calvo que igual puede ser Pau Casals que el calvo de la lotería. Tan cursi será que, además de sacarle al pobre Casals una frase de contexto hasta que parece de Paulo Coelho -no va a ser casual que tengan el mismo nombre- le han dibujado un pajarraco en el hombro, y por si ni así queda claro que es una alegoría del ‘Cant dels Ocells’, de su pico asoma una nota musical. He visto carteles más adultos en preescolar. Le cambian el pajarraco cantor por un décimo, y les sale gratis el anuncio de la próxima lotería de Navidad.

Por si no había suficientes motivos para no asistir a la Diada, existe además el riesgo de movimientos sísmicos. No se alarmen, será Pau Casals removiéndose en su tumba.

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