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'Reductio ad fascismus’

Acusar de 'fascista', como ha hecho la 'consellera' Geis con la Asamblea por una Escuela Bilingüe, es una técnica que los separatistas practican a menudo

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Gemma Geis.

Gemma Geis. / Ferran Nadeu

La 'consellera' de Recerca i Universitats, Gemma Geis, ha calificado a la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB) de “fascista”. Lo hizo en TV-3, dónde si no, televisión que como recordaba Ferran Monegal -a propósito de las últimas informaciones sobre la trama rusa- practica una auténtica “espiral de sectarismo” informativo. Estas lindezas por parte de un miembro del Govern son muy graves porque no podemos olvidar que Geis es una autoridad pública que, en lugar de mostrar respeto hacia una entidad de la sociedad civil sin ánimo de lucro, la descalifica mediante el recurso del 'reductio ad fascismus'. Esta técnica es algo que los separatistas, particularmente desde que empezó el 'procés', practican a menudo contra los partidos constitucionalistas, pero también para estigmatizar a las asociaciones contrarias a las tesis nacionalistas. Recordemos que Raül Romeva en 2016, entonces 'conseller' del Govern de Puigdemont, llamó “falangistas” a los manifestantes convocados por Societat Civil Catalana que denunciaban la preparación de un golpe parlamentario contra la legalidad estatutaria y constitucional, como así sucedió el 6 y 7 de septiembre de 2017. 

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Pues bien, para la 'consellera' Geis la asociación que defiende el bilingüismo es “fascista” porque el TSJC dio la razón a la AEB, que justificó con pruebas su demanda. La justicia obligó a que en los exámenes de la selectividad de esta semana los alumnos pudieron elegir con total discreción el idioma en que deseaban leer las preguntas (en catalán, castellano o aranés). En lugar de entregar los exámenes solo en catalán y obligar a quien lo deseara a levantar la mano para pedirlo en alguna de las otras dos lenguas, se ha preguntado a la entrada a cada alumno. Con todo, lo más neutral y práctico sería que las preguntas se presentaran en los tres idiomas en una misma hoja (con el catalán en primer lugar, por ejemplo), pero la Generalitat no quiere. Ya advertí en 'Amor (por el catalán) que mata' que la política lingüística no persigue la promoción del bilingüismo, sino la exclusión del castellano, convirtiendo al catalán en una lengua antipática.

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