Cine con identidad Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Mucho más que cameos

El hecho de que un cineasta aparezca en su propia película parece un recordatorio apasionado y urgente de que esa obra les pertenece

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Adam Driver, Leos Carax y Marion Cotillard, tras la presentación de ’Annette’ en Cannes

Adam Driver, Leos Carax y Marion Cotillard, tras la presentación de ’Annette’ en Cannes / AFP / Valery Hache

La aparición de un director en su propia película cobra un matiz distinto en el presente. No me refiero a los cineastas que se reservan (o conciben para ellos) personajes de sus propias películas, que se dirigen a sí mismos. Se trataría de los que tienen en ellas un cameo juguetón, una intervención anecdótica pero cómplice con el espectador, y de los que, sin llegar a ser presencias esenciales en esos filmes, salen un poquito más y proponen un diálogo (no menos juguetón) entre su personaje y su persona. Coinciden en el cine dos películas en las que sucede esto último: 'Tiempo' (2021), de M. Night Shyamalan, y 'Annette' (2021), de Leos Carax. En otro momento habría sido simplemente una casualidad curiosa. Y esas apariciones no habrían resultado sorprendentes en ninguno de los dos casos porque no es la primera vez que esos directores salen en sus propias películas. Shyamalan tiene cameo en prácticamente todos sus filmes, y Carax aparece en algunos: recuerden, sin ir más lejos, el metafórico inicio de 'Holy Motors' (2012), con él entrando en pijama en una sala de cine espectral. Sin embargo, esas intervenciones cogen una dimensión distinta en 2021.

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En un momento en el que una parte importante de la industria se ha propuesto negar la autoría, el hecho de que un cineasta aparezca en su propia película parece un recordatorio apasionado y urgente de que esa obra les pertenece. A ellos, no a quien las ha pagado. A ellos y, por extensión, a los espectadores para los que las han hecho (incluso si dicen haberlas hecho solo para sí mismos). Lo sean o no –y probablemente no lo sean porque ni Shyamalan ni Carax necesitan reivindicarse como autores–, esas apariciones tienen algo de reacción en contra de la palabra contenido, de las fichas y los pósters de películas que no incluyen el nombre de quien las ha dirigido, de anunciar los filmes como lo nuevo de una plataforma y no de una persona… Es como si esos cineastas quisieran recordarnos desde dentro que las películas no son productos, no se hacen solas y tienen alma. Que Carax se dirija directamente al espectador en el prólogo de 'Annette', y le lleve de la mano al inicio de su tragedia, y que Shyamalan se reserve en 'Tiempo' un personaje demiúrgico todavía revela más esa necesidad de las películas de mostrar su identidad.

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