Pros y contras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Noticia del 11-S

Quienes estos años veían la Diada como una llamada heroica han abandonado la épica y contemplan con incredulidad y escepticismo el panorama después de la batalla

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La ANC presenta las movilizaciones que prepara para la Diada y el 1 de octubre.

La ANC presenta las movilizaciones que prepara para la Diada y el 1 de octubre. / ACN / ARNALD PRAT

Parece bastante evidente que lo que vivimos como un movimiento histórico y singular, multitudinario y pacífico, no volverá a ocupar las calles otro 11 de septiembre. La pandemia ha ayudado, claro, pero la debilidad provocada tanto por una represión sistemática como por una pérdida de ilusión colectiva ya eran un tumor que dañaba el normal funcionamiento del ‘procés’, que ya no sé si debería llamarse así. También han contribuido, por supuesto, las rencillas internas, la idea de que, a pesar de tener un objetivo más o menos común, las divergencias tácticas son insondables, nadan en un abismo de reproches y envidias. 

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Todo lo que hemos vivido estos años -los 11 de septiembre que han sido fiesta y reivindicación, el 1 de octubre, fundacional o simbólico (según los gustos), las campañas de color amarillo intenso- se resume en dos percepciones diferentes de la realidad. La grandilocuencia de los hechos, de las proclamas, ha sido vista como un engaño colosal o como una llamada heroica a la que no se podía renunciar. Los primeros siguen pensando en el ejercicio de una falsedad continuada; los segundos, han abandonado la épica y contemplan con incredulidad y escepticismo el panorama después de la batalla.

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