Despertar la curiosidad Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Contra la lectoansiedad

Esa es la gracia, que después de un libro viene otro, y el placer de la lectura también debe ser el de saber que no se acaba.

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Contra la lectoansiedad

Jordi Cotrina

Los que somos de naturaleza lectora sufrimos a menudo el síndrome de la lectoansiedad. El placer de escuchar a alguien hablar con pasión de un autor deviene en ganas de dejarlo todo y ponerse inmediatamente a leer aquel clásico, aquella joven promesa, aquella poeta afgana. Pero también puede provocar una especie de ansiedad por no haberlo leído todo, por no haber sabido apagar la pantalla y abrir el libro. No dejo de pensar en lo que decía el otro día el escritor Vicenç Pagès Jordà en una entrevista en El Punt Avui: "Se debe leer al menos una hora al día, para ir bien toda la vida, en papel, en silencio y sin hacer nada más". Pero, como en muchas otras cosas de la vida, deberíamos celebrar más lo que hacemos bien y no angustiarnos tanto por errores u omisiones. Autoexigencia toda, pero sin dejar que nos ahogue. Con el motor de la curiosidad podemos descubrir cosas nuevas cada día, con la virtud de la perseverancia podemos también digerirlas y sacar provecho de ellas.

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Debemos hacer compatible lo que dice Pagès, y que suscribo, con iniciativas como la Revetlla Roig de este fin de semana en el CCCB. Despertar la curiosidad es un primer paso absolutamente necesario no ya de un Plan de Fomento de la Lectura sino de una manera de vivir.

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Ojalá la curiosidad (y el magnífico emplazamiento junto al mar) lleve mucha gente a partir del viernes a La Setmana, con un océano de propuestas para todos los gustos, sabiendo que no las podremos abarcar. Que no nos asuste la erudición de unos, la popularidad de otros. Cada libro debe poder encontrar sus lectores y un escaparate tan grande y diverso como este es una ocasión ideal. La proximidad que ofrece La Setmana muestra como nadie qué hay detrás de cada libro: autores, traductores, agentes, libreros, bibliotecarios, lectores y editores. Es una celebración de vida, un Sant Jordi de diez días. ¿Que no nos lo acabamos? Claro que no, esa es la gracia, que después de un libro viene otro, y el placer de la lectura también debe ser el de saber que no se acaba.