Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

De Solsona a Kabul

Está muy bien indignarse con los talibanes pero podríamos empezar reclamando a nuestra iglesia que salga de una vez de la Edad Media

1
Se lee en minutos
El obispo Xavier Novell saluda a los fieles en el Palau Episcopal de Solsona

El obispo Xavier Novell saluda a los fieles en el Palau Episcopal de Solsona / Bcn

La renuncia del obispo de Solsona, Xavier Novell, ya de por sí sorprendente, se ha hecho definitivamente mediática con la filtración de sus causas: se ve que ha decidido colgar los hábitos porque se ha enamorado. La noticia está aderezada de más salsa, que se presta a la ridiculización: la supuesta amante es autora de libros eróticos e incluso satánicos, y encima está divorciada y con hijos. En realidad lo único interesante de verdad es que Novell ha descubierto el amor, y al hacerlo, él mismo supo que no podría seguir ni un minuto más como obispo. Porque como ya es sabido la Iglesia está atrapada en su propia ley del celibato desde el siglo XII y ha sido incapaz de derogarla ni siquiera de evolucionar.

El loco enamoramiento de Novell lo convertirá probablemente en carne de cañón para la salsa rosa nacional, pero sirve para recordarnos que el amor carnal es incompatible con la Iglesia: lo es entre hombre y mujer, y por supuesto entre personas del mismo sexo, que tienen que soportar el escarnio que les dedica el Vaticano cada vez que tiene ocasión. El propio Xavier Novell, tan liberal consigo mismo, se hizo famoso por unas declaraciones homófobas hace un tiempo cuando todavía era obispo, prueba de que el hábito, efectivamente, sí hace el monje.

La 'espantá' del obispo sirve para recordarnos que no hace falta ir tan lejos para comprobar que aquí, en nuestra casa, y hoy mismo, se permite a una institución (exenta de IBI y con casilla propia en la declaración de la renta) vivir todavía en la Edad Media, en un régimen solo para hombres, sin autorizar matrimonios e impidiendo a las mujeres entrar en su propia organización. Está muy bien que nos escandalicemos de las terribles condiciones de vida de las mujeres bajo el régimen talibán, pero cuando nos echamos las manos a la cabeza porque en Afganistán las estudiantes universitarias deberán ir a clase tapadas de arriba a abajo, podríamos volver a recordar que la Iglesia, aquí mismo, veta a las mujeres y que el obispo de Solsona tiene que irse simplemente porque se ha enamorado.

Noticias relacionadas