Tras la marcha de EEUU

Frente al abismo afgano

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Un sospechoso de pertenecer al ISIS, con una venda en los ojos, junto a un miembro del ejército talibán en Kabul

Un sospechoso de pertenecer al ISIS, con una venda en los ojos, junto a un miembro del ejército talibán en Kabul / WANA NEWS AGENCY (via REUTERS)

Las tropas occidentales fueron a Afganistán pensando que una intervención con permiso de la ONU tenía la legitimidad ideológica que nunca tuvo la de Irak. Fue la única vez que la OTAN invocó la clausula de defensa mutua para responder al ataque a uno de sus socios, curiosamente EEUU Frenar la escalada terrorista y parar a Bin Laden tenía sentido. A ojos de Occidente era una guerra justa, pero a fuerza de convertirla en un conflicto para cambiar el país se convirtió en una guerra absurda. 

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El error fue pensar que mas allá de controlar el terrorismo, una intervención extranjera podría crear un país nuevo. La deriva occidental de acabar con el mal por la fuerza no es nueva. Miremos dónde miremos las guerras en defensa de unos valores pretendidamente universales han acabado en desastre: Somalia, Irak, Libia, países que se asoman al abismo tras la promesa de liberarlos de diferentes tiranías, son solo algunos ejemplos. Sabemos destruir, nos cuesta mas construir. Si no es para parar un genocidio ¿Es aceptable que una fuerza exterior decida a qué facción apoyar para que llegue al poder? El caos que estamos viendo en Kabul, al que seguirá un éxodo abrupto, no es mas que el anuncio de un nuevo abismo tras otra intervención fallida. Vuelven los Talibán, un ejército que promueve una versión religiosa del Corán que se defiende con látigo, siempre y cuando lo tengan ellos en la mano. A pesar de los cantos que hicieron pensar que occidente construiría un país nuevo y libre, ninguno de los afganos con los que trabajé en el pasado creyeron que la idea de imponer el bien por la fuerza funcionaría. Aceptaban la ayuda humanitaria en tiempos salvajes, poco mas. Las guerras que se llaman justas y las intervenciones que se pretenden humanitarias son un fracaso. Lo que ha ocurrido en Afganistán no es mas que la constatación de un nuevo traspié de la arrogancia de Occidente. La salida precipitada -otro error-, solo a dado pie a comprobar de nuevo la llegada insoportable de un gobierno bárbaro a un país que lleva décadas convulso. 

Mediante mecanismos de dominación, Occidente puede convertir cualquier país en un efímero subproducto occidental. Pero ni un solo ejemplo demuestra que esa facilidad para destruir sea proporcionada a la capacidad para reconstruir países. Por eso regresan los Talibán. El azul del burka volverá a las calles de Kabul, como símbolo del retorno a la opresión de las mujeres, cuando debería recordar al tiempo la falsa ilusión de una intervención que justificaba liberarlas, y solo ha conseguido hacer mas fuertes a los bárbaros que van a gobernar y mas decisivos a países como China, Rusia, Irán o Arabia Saudí no precisamente abanderados de sus futuras libertades. Ante la imagen que nos depara el nuevo crepúsculo afgano, la salida de las tropas occidentales no debería ser un adiós. Frente a la soledad de quienes apoyaron para crear un país nuevo habrá que encontrar medios de resistencia para no dejarlos a ellos también en el abismo.

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Afganistán