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La empresa agroalimentaria no será el eslabón perdido de la ampliación de El Prat

Es un error diseñar compensaciones a costa de la propiedad y empresa agraria como pretende el Govern

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Labores agrícolas en El Prat de Llobregat

Labores agrícolas en El Prat de Llobregat / Ricard Cugat

El éxito económico, social y medioambiental necesario para el proyecto de ampliación del aeropuerto de El Prat pasa por evitar el desmantelamiento de una industria tan relevante como necesaria como es la agroalimentación. Es evidente que el principal reto de la planificación de la nueva infraestructura es determinar las compensaciones ambientales para cumplir con las directrices europeas. Y es evidente también que el 'camino fácil' es el de invocar el conflicto entre infraestructura y medioambiente, el cual se resuelve diseñando compensaciones "generosas" a costa de la propiedad y empresa agraria como pretende el Govern.

En primer lugar, es necesario manifestar que este 'camino fácil' es dañino y contraproducente para preservar la biodiversidad de la zona. Al contrario de lo que afirman algunas fuentes, la degradación ecológica del Delta del Llobregat –de ahí la especial vigilancia de las autoridades europeas– no se ha producido por cultivos intensivos contaminantes ni tampoco por extensión de los terrenos agrícolas. Todo lo contrario: según las cifras publicadas por la Diputación de Barcelona, entre 1956 y 2018, la comarca del Baix Llobregat ha perdido 16.480 hectáreas de cultivo productivo o, dicho de otra forma, el 34,3% del total del territorio.

Precisamente si se han conservado en el tiempo algunos de los ecosistemas más valiosos del entorno de Barcelona, ha sido gracias a la actividad empresarial agropecuaria y no a la gestión medioambiental de los organismos públicos que deberían haber velado por la salud medioambiental. Sin ir más lejos: 15 años después sigue sin aprobarse el plan de gestión de la zona protegida del Delta del Llobregat.

En segundo lugar, este camino no es la única alternativa existente supuestamente marcada por la Comisión Europea. Esta es quizá una de las manipulaciones más graves del discurso público en los últimos meses. La Comisión Europea evalúa si la propuesta que se le presenta de compensaciones ambientales respeta lo marcado por las directivas correspondientes, contrastando con posterioridad si se cumple o no lo presentado. En modo alguno impone una determinada solución. De hecho, incentiva a establecer demarcaciones óptimas (ni demasiado generosas ni demasiado escasas) que satisfagan a las partes y contemplen sistemas realistas de conservación de la biodiversidad.

En este punto, proponemos un cálculo ajustado de compensaciones de un máximo de 270 hectáreas que no perjudica la soberanía productiva agroalimentaria de Barcelona -al proponer espacios concretos de conexión no agrícolas y zonas de baja intensidad agrícola- y pone a disposición su trabajo y tecnología que permite gestionar de manera activa los espacios naturales (particularmente en aspectos concretos de enorme importancia como el drenaje de las aguas, la inversión para prever inundaciones y la prevención de daños a bienes e infraestructuras) obteniendo resultados realistas que satisfagan las exigencias de Bruselas.

Y en tercer lugar, aceptar una situación que provoque el desmantelamiento de la industria agroalimentaria del Baix Llobregat sienta un precedente peligroso que nos aleja de lo más avanzado a nivel europeo en materia agroambiental y, al mismo tiempo, en materia de calidad democrática y derechos fundamentales. En este sentido, los tribunales de justicia han actuado en varios casos donde se ha pretendido formular un conflicto de derechos totalmente artificial sólo para el beneficio de determinados lobbies políticos y ambientales. Si hay alguien que conoce bien el territorio y puede trabajar de manera eficaz por la biodiversidad es, sin duda, el empresario agroalimentario.

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En suma, la empresa agroalimentaria del Baix Llobregat no va a ser el ‘eslabón perdido’ de la ampliación de El Prat. Su experiencia y trabajo diario permiten aprovechar las sinergias y el impulso que este proyecto genera para conseguir la creación de un doble 'hub' aéreo y agroalimentario intercontinental, donde se una la proximidad a grandes centros de distribución y exportación con el abastecimiento de proximidad a una gran área metropolitana y los mercados internacionales. Estamos ante un reto colosal para los próximos 10 años, que requerirá sin duda de importantes complicidades de todas las partes implicadas entre las cuales el sector agroalimentario es un aliado y no un enemigo. Para ello es necesario promover que las futuras infraestructuras aéreas se realicen con el máximo de sinergias con el objetivo de que las problemáticas asociadas a la gestión del agua, infraestructuras o inundaciones se conviertan únicamente en un recuerdo del pasado y en un ejemplo de excelencia.