Ficción audiovisual Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El verano en dos películas

'Old' y 'Annette' definen para mí estos meses, serán los filmes a los que vuelva cuando recuerde un verano (todavía) extraño

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M. Night Shyamalan, en el rodaje de ’Tiempo’

M. Night Shyamalan, en el rodaje de ’Tiempo’ / El Periódico

Se solía pedir a los veranos, o al menos se esperaba de ellos, un puñado de estrenos buenos, una colección de películas que dieran sentido a la estación. Los cambios en la industria y las consecuencias de la pandemia hacían sospechar que la fantasía de los estrenos del verano se había agotado, que a partir de ahora cada uno encontraría las películas de su verano en un lugar distinto. Y que serían muy diferentes las de unos y las de otros. Sin embargo, aunque haya un millón de listas de favoritas y otros filmes buenos estrenados durante estos meses, para mí hay dos películas que definen este verano. Quizá haya tres: mañana se estrena 'Maligno' (2021), lo nuevo de James Wan, uno de los mejores directores en activo. No falla una. La cantidad de ideas, sobre todo formales, al servicio del terror que hay siempre en sus películas no deja de maravillarme. Pero aún no se ha estrenado. Así que de momento me detengo en 'Tiempo' (2021) y 'Annette' (2021). Cuando hace unos meses especulábamos sobre el fantástico que llegaría cuando, muy lentamente, recuperáramos la normalidad tras los meses más duros de la pandemia, era difícil imaginar que nos arrollarían dos películas así con sólo unas semanas de diferencia. Aunque se pueda proyectar el presente en ellas (tardaremos en quitarnos ese vicio), no son filmes consecuencia de la pandemia, ese no es el tema. De hecho, una de ellas, 'Annette', se rodó en 2019. Pero, aun viniendo de dos cineastas inmensos (y no del gusto de todos) y aun sabiendo que las probabilidades de que fueran buenas eran altas, no estoy segura de que estuviéramos preparados para recibir en tan poco tiempo dos películas así.

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Da igual lo que le pidas al cine: imágenes, historias, emociones, riesgo, sorpresa, magia, gestos temerarios, asistir al ensayo y el error, controversia o lo inesperado. En ellas está todo eso, más la posibilidad de pensarlas durante más de media hora, conversarlas, pelearlas y regresar a ellas mil veces y no volver a irte nunca como llegaste. No creo que haga falta decir que tienen detractores: eso pasa con todas las películas. Y hay algo soberbio en afirmar que eso sucede porque son películas extrañas o exigentes. La posibilidad de odiarlas es tan válida como la de amarlas. Pero este artículo no va de odiar, sino de todo lo contrario. 'Old' y 'Annette' definen para mí estos meses, serán las películas a las que vuelva cuando recuerde un verano (todavía) extraño. Volveré a la primera porque es única, porque el cine actual no suele darme ni tantas ideas por minuto ni emociones tan duraderas (por paradójico que resulte al tratarse de un filme en el que todo va tan rápido), porque dispara una reflexión que me partió por la mitad: incluso si tienes la suerte de que la tragedia no se cruce en tu vida, incluso si todo lo que te ocurre es más o menos lo normal, vas a pasar por cosas muy fuertes. La segunda, porque al verla pensé en lo poco exigente que soy a veces con el fantástico, en lo poco que le pido. La manera en la que Leos Carax y los Sparks (compositores y guionistas) rasgan la superficie de la fantasía –que aquí se expresa en imágenes, palabras y melodías– para llegar al centro de una historia de amor terrible es algo sencillamente asombroso.

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