Curso político Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Subir al cielo sin escaleras

Si hay poca gente en la calle durante la Diada, aval al gobierno de ERC. Y al contrario, si la ANC y JxCat consiguen que la cosa adquiera un empuje significativo, Esquerra quedará tocada

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Subir al cielo sin escaleras

David Zorrakino - Europa Press

Ha quedado más que claro que el objetivo del próximo 11-S es la erosión de ERC. Junqueras y Aragonés medirán el éxito o el fracaso de la Diada a la inversa de los años anteriores al 2017. Si no salen a la calle muchos más de los cuatro gatos irreductibles que en la operación retorno de despedida de los peajes exhibían pancartas y esteladas en algunos pocos puentes de las autopistas, los republicanos se verán legitimados para proseguir con la ficción de la mesa de diálogo, aunque si algo obtienen será 'peix al cove' y a través de la negociación de los presupuestos. Poca gente en la calle, aval al gobierno de ERC. Y al contrario, si la ANC y JxCat consiguen que la cosa adquiera un empuje significativo, Esquerra quedará tocada. Bonito juego de esgrima para ser contemplado con la máxima placidez desde la tribuna de Madrid. Además, la mitad juntista del Govern dispone de dos cartas. Una, la que enseña a su electorado, radical, unilateralista y rupturista. La otra, la que engrasa y engorda en silencio los engranajes del nuevo partido, es neoautonomista por completo y consiste en ir a rueda gubernamental de ERC a la espera del momento de volver a adelantarla.

El mensaje para los incrédulos de la autenticidad de las convicciones de JxCat ya se ha empezado a difundir y consiste en el anuncio de la ruptura a poco más de dos años vista (y a ver no terminen por ser cuatro). No la ruptura con España, entendámonos, sino del Govern de la Generalitat, que Jordi Sánchez y Puigneró reventarían desde dentro como quien pincha un globo, tal vez con la agobiada complicidad de la CUP. Para que tal cosa suceda deben darse dos circunstancias que llegarán, según los augures del partido, de manera tan puntual como implacable. La primera, el fracaso de la mesa, que quizá sí es inexorable pero que tal vez tardará un poco más en evidenciarse, y más si Pedro Sánchez consigue revalidar la presidencia en 2024, aunque el PSOE quede por detrás del PP en las urnas generales.

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La otra condición, destinada a coincidir en el tiempo según una transposición infalible de la mecánica newtoniana al determinismo político, es que la jurisprudencia de los tribunales europeos, en una razonable sentencia de raíz pantagruélica, prohibirá prohibir los referéndums de autodeterminación. De manera que se podrá repetir el 1-O sin miedo a cargas policiales y con garantías de aplicar el resultado, por supuesto que favorable al SÍ, a pesar de lo que pronostican los sondeos de la propia Generalitat.

O sea, que si algún independentista de poca fe observa que no se puede subir al cielo sin escaleras, y menos aún después de haberse acoquinado ante el foso que separaba el 1-O de algo más que la derrota, ya puede contar desde ahora y con toda confianza que el futuro casi inmediato es de trompetas y fanfarrias. Las escaleras están a punto, vendrán de fuera y lo único que tendrán que hacer los electores para asegurar la ascensión es abandonar a ERC para volver a la obediencia de los independentismos legítimos, herederos, y a mucha honra, del pujolismo.