Leyendas urbanas Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

No cantéis esta canción

Las historias más interesantes son las que afloran de manera natural, y que son un reflejo del lugar donde aparecen

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No cantéis esta canción

El otro día mi amigo Xavi me envió un audio para contarme la historia de una canción maldita. Él la escuchó cuando estudiaba en Taizhong, al sur de Taipei, el mismo año que yo (nos conocimos cursando traducción en la UAB, aunque él luego estudió medicina porque le gustan los retos). Me pareció que era una buena manera de terminar este verano de escalofríos asiáticos, así que os la contaré.

Una joven muy tímida fue al karaoke, un pasatiempo muy popular en Taiwán, con su grupo de amigos. Le gustaba un chico del grupo y para confesárselo decidió cantar una canción de moda, 'Shuo ai ni' (‘Decir te quiero’), de Jolin Tsai, pero cuando llegó al estribillo “no te das cuenta de que estoy acurrucada en un rincón” todo el mundo se echó a reír. La chica, herida, se marchó al baño y se suicidó. Y por eso dicen que nunca debes cantar 'Shuo ai ni' en un karaoke, o el fantasma de la chica aparecerá acurrucado en un rincón de la sala.

Jan Harold Brunvand, un reputado folclorista estadounidense, autor de 'El fabuloso libro de las leyendas urbanas', afirmaba que una de las maneras con las que este tipo de narraciones orales ganan veracidad es mediante la adaptación. Así, tenemos leyendas universales, como las de la chica de la curva, con un argumento idéntico (un fantasma se aparece en una carretera y hace autostop) pero adaptado al lugar donde se cuenta la historia (la calle Xinhua, como contaba en el texto anterior, o la carretera de las Aigües, en Barcelona).

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Pero quizás las más interesantes son las que afloran de manera natural, y que son un reflejo del lugar donde aparecen. En Taiwán, donde es habitual ir al karaoke con los amigos, y donde las relaciones amorosas tienen muchísima importancia, la leyenda ha adoptado la forma de una canción maldita. ¿Y aquí? Seguro que os suena: el famoso programa de 'Sorpresa, sorpresa' con Ricky Martin, una fan, un perro y un tarro de mermelada.

Como dice Jan Harold Brunvand, “la verdad nunca debe interponerse en el camino de una buena historia”.