EL 'PUTO AMO' DE LA F-1

Gracias don Fernando, gracias Sr. Alonso

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El asturiano Fernando Alonso, piloto de Alpine.

El asturiano Fernando Alonso, piloto de Alpine. / MIQUEL LISO

Ahora que Valentino Rossi se va, deja de correr, deja de ser el icono de los dos ruedas a sus 42 años, nos acabamos de enterar que aquel a quien muchos daban por acabado, aquel del que muchos se mofaban por su regreso a la F-1, aquel que volvía a casa, a Renault, donde ha sido bicampeón del mundo (2005 y 2006), aquel por el que pocos apostaban, acaba de renovar por la escudería Alpine, es decir, la marca de carreras de la firma francesa y lo ha hecho ¿verdad? en olor de multitudes después de haber frenado, sí, sí, ¡frenado! al mismísimo campeón, al mismo rey Lewis Hamilton para que ganase, por vez primera, su compañero Esteban Ocon.

Puedo decirlo porque lo he dicho muchas veces. Sé que Fernando Alonso (Oviedo, 29 de julio de 1981) tiene muchos enemigos. Me da igual. Yo solo sé que, junto a Ángel NietoAndoni Zubizarreta, Xavi HernándezPep Guardiola, Carlos Sainz, Pau Gasol, Rafa Nadal y Marc Márquez, por citar algunos casos de deportistas tan grandes como ‘el nano’, ha sido, y es, una de las personas que mejor me ha tratado en esta vida. Así que, ahora que ya sé que seguirá empujando su pie derecho hasta el fondo del pedal del gas y poniendo sus manos e inteligencia al servicio del espectáculo de la F-1, es el momento, tal vez, de contar algunas cosas de don Fernando, del señor Alonso, aunque, antes que nada, muchas gracias por todo, que ha sido mucho.

Una vida sobre ruedas

Alonso ha corrido 323 grandes premios de F-1, obteniendo 32 victorias, 22 ‘poles’, 97 podios, 68 abandonos, 18 temporadas en la F-1, ha tenido 17 compañeros, ha pilotado para 5 constructores, 5 motoristas, ha conducido 19 modelos de monoplazas (desde el Minardi PS01 al Alpine A521), sumado 1937 puntos, 1.769 vueltas como líder y 87.066 kilómetros pilotando un F-1. Perdón, perdón, y dos títulos (2005 y 2006) con Renault, y tres subcampeonatos (2010, 2012 y 2013).

Uno de los días más felices de mi vida (y lo he explicado muchas veces, perdón), lo pasé con Alonso en Enstone (Inglaterra), sede de Renault F-1, el 7 de julio del 2004, hace ahora 17 años. Me trató como un príncipe siendo él ya un monarca, o casi, de la F-1. Me juró que al año siguiente lucharía por el título. Y lo ganó. Le dije que Rossi, entonces camino de su quinto título de MotoGP con Yamaha, decía que, en las motos, el piloto era decisivo (puede, pese a que lleva más de tres años sin ganar, que el ‘Doctor’ siga pensando lo mismo) y le pregunté si en la F-1 era igual. “Michael Schumacher que es el mejor ¿no?, tiene dos décimas en sus manos, no tiene más. Ningún piloto, ni él, puede convertir en ganador un coche inferior”.

Pasión por el deporte

Y fue entonces cuando le pedí el secreto de la F-1. “Dinero, amigo, dinero. Cuanto más dinero, mejores ingenieros, mejores materiales, mejores motores, mejor aerodinámica, mejores estrategas, más medios, más evolución, más horas en el túnel de viento, mejor coche, mejor equipo, mejor piloto”.

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Puede que, en efecto, Alonso no esté en ninguno de los tres, cuatro o cinco equipos más ricos del ‘paddock’ de la F-1. Pero como ayer mismo les contó Pep Guardiola a los hermanos Márquez, “lo más importante es intentar ganarte la vida con aquello que te guste y, si lo consigues, vivirlo con amor y, sobre todo, con mucha pasión”.

Alonso sigue en la F-1, trabajando para él, puede que para engordar su impresionante palmarés, puede, pero sobre todo está para ayudar a su equipo de toda la vida, para ayudar a ganar a su joven compañero. Alonso pasa de fama, gloria y dinero. De todo eso va sobrado y está saciado. Corre porque, como Pep, como Marc, como Alex, sí, sí, como Valentino, adora lo que hace, le apasiona lo que hace y, encima, a sus 40 años, sigue dando lecciones de cómo se debe hacer y recibiendo el reconocimiento de toda la F-1.