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La religión ciclista

El periodista de EL PERIÓDICO Sergi López-Egea reúne sus crónicas ciclistas en un libro delicioso, ‘El Tourmalet’

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La ascensión al Tourmalet, en el Tour del 2015.

La ascensión al Tourmalet, en el Tour del 2015. / REUTERS / STEFANO RELLANDINI

Sergi López-Egea, como saben perfectamente los lectores de este diario, es el periodista que nos informa de ciclismo y que hace un fino análisis de las etapas, como un cronista de raza, a pie de carretera. Hace más de 30 años que sigue el Tour de Francia y hace unos cuantos que publica sus piezas bajo el epígrafe de una cumbre, la más mítica de todas, ‘El Tourmalet’. Ahora ha reunido aquellas historias en un libro delicioso, con el mismo nombre, editado por Cultura Ciclista. Porque si hay una cosa cierta es que el ciclismo genera grandes dosis de mitología que se han de explicar y que, una vez explicadas, alimentan aún más la fascinación por este esfuerzo desmesurado e inhumano, que hizo decir a uno de los primeros ciclistas de la historia, Octave Lapize, poco después de haber coronado el Aubisque: "Ustedes son unos asesinos". Se dirigía, claro, a los organizadores del Tour.

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López-Egea explica esta anécdota y cientos de relatos más en torno a la ronda francesa bajo la protección del Tourmalet, que "es la salsa con la que se cocina casi siempre el Tour". Un Tourmalet que le sirve de guía y de faro, no para explicar el desarrollo de la etapa, sino para rememorar las antiguas, para establecer jerarquías y tradiciones, heroicidades y desfallecimientos, para convertir en ritos las pedaladas gloriosas de cada mes de julio. López-Egea nos relata cómo un corredor español fue a Lourdes, por encargo de su abuela, para recoger agua bendita que le había de servir para no hacerse daño. O nos habla de las ascensiones de los aficionados a las grandes cimas justo el día antes de que pasen por ahí los profesionales, una especie de procesión a unos templos "a los que no se va a orar, sino a asaltarlos en bici". O rememora el suicidio de un personaje trágico como Luis Ocaña, y el gesto de Eddy Merckx, que llevó a hombros el ataúd que contenía el cuerpo de quien fue su gran (y casi único) contrincante.

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La gracia de este 'Tourmalet' es que está escrito bajo el influjo de los episodios que construyen una religión y, al mismo tiempo, con la delicia de quien quiere entretener, con ironía, con humor. Y también con una declaración de intenciones. En una hermosa carta final al Tadej Pogacar de 2020, dice que "has demostrado lo que siempre debería ser el ciclismo, un deporte individual, donde gana el mejor porque es el que sube más rápido, el que sentencia en las contrarrelojes”.  Y eso que el libro no contiene las excelentes crónicas de este 2021, donde el esloveno, en el Portet o en Le Gran Bornand, en el arrebato de aquella etapa majestuosa, devolvió el ciclismo a sus raíces.

Explica López-Egea que este deporte es singular porque es el único que te permite tener cerca a los héroes, sin interferencias. Tú y ellos. Aunque sea después de haber esperado más de seis horas en una cuneta para verlos pasar durante 15 segundos. El aficionado, el acólito de la religión, tiene tiempo para pensar en sus asuntos, como decía Paolo Conte en aquella canción dedicada a Gino Bartali. Lean este tesoro, por ejemplo, mientras contemplan, sentados en el sofá, medio adormilados, una etapa de la Vuelta.

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