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Después de Merkel, ¿qué?

Las elecciones de septiembre serán decisivas para Alemania y para la UE. También para España

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Angela Merkel visita la zona afectada por las inundaciones del pasado julio.

Angela Merkel visita la zona afectada por las inundaciones del pasado julio. / Efe

En seis semanas –el 26 de setiembre– los alemanes acudirán a las urnas para elegir el partido –mejor, los partidos, ya que será obligada una coalición– que dirigirá el país el próximo cuatrienio. La cita es relevante porque desde 2005 es la primera vez que la actual canciller, Angela Merkel, no es candidata.

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Merkel ha ganado cuatro elecciones y ha gobernado 16 años (12 con los socialdemócratas del SPD y cuatro con los liberales del FDP), ha sido una canciller sólida, caracterizada por la seriedad, el pragmatismo, una orientación más abierta que la de su partido, la CDU, y el aprecio bastante general de los alemanes. Durante su mandato Alemania ha sufrido la gran crisis de 2008, la de la inmigración de 2015 y la pandemia actual, y ha superado estos obstáculos no sin rasguños, pero con nota y casi siempre con el apoyo (nada incondicional) de sus socios-adversarios del SPD.

Y no está claro que su discutido sucesor al frente del CDU-CSU, Armin Laschet, actual presidente del importante ‘länder’ de Renania de Norte, tenga sus cualidades, ni incluso que vaya a ser el nuevo canciller.

La estabilidad alemana será también decisiva para la Unión Europea, ya que Alemania es el país con más población y con la economía más fuerte, que ha resistido bien las crisis y que tiene una tasa de paro que no se aleja del 5%. Y Merkel fue clave, con su apoyo discreto pero efectivo a Mario Draghi en el BCE para que la gran crisis de 2008, la peor desde 1929, no acabara con el euro y la voladura de una Europa en laboriosa construcción.

La sucesión de Merkel será pues uno de los hechos más relevantes de 2021. Y acaba de empezar una campaña con grandes incógnitas. La CDU de Laschet será según las encuestas el primer partido y tiene muchas opciones de presidir el Gobierno. Pero tras las inundaciones de julio en las dos Renanias (180 muertos), el prestigio de Laschet ha vuelto a palidecer y la intención de voto de la CDU ha caído del 28% al 23%. Muy poco por encima de los verdes (20%) y del SPD (19%), que ha subido tres puntos los últimos días.

Y la previsión final, aunque favorable a la CDU, está en el aire. Si las elecciones fueran presidenciales el favorito sería el socialdemócrata Olaf Scholtz, vicecanciller y ministro de Hacienda con Merkel y antes presidente-alcalde de Hamburgo, con el 35%, seguido de Laschet (20%) y de la verde Annalena Baerbock (16%), que ha perdido puntos desde su nominación como candidata la pasada primavera. Scholtz está en alza, pero su punto débil es que, pese a ser el candidato por su prestigio personal, el control del SPD está en manos de gente más a la izquierda, lo que inquieta al electorado de centro.

Pero la gran incógnita es la futura coalición de gobierno. Hasta ahora había sido siempre de dos partidos (CDU-FPD, CDU-SPD, SPD-FDP, o SPD-verdes), pero ahora, con la fragmentación debida a la presencia de la extrema derecha (10% del voto), que está vetada en toda posible coalición, pueden hacer falta tres partidos para alcanzar la mayoría del Bundestag. Y una coalición a tres es complicada. Si la CDU llega primero, lo más probable es que se forme una coalición con los verdes y el resucitado FDP (liberales), que tiene una intención de voto del 12%. Pero esta coalición ya se intentó y fracasó en 2017.

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Otra coalición, que sería un cambio profundo por la exclusión por primera vez de la CDU, es la llamada Semáforo por los tres colores de los verdes, el SPD (rojo) y el amarillo liberal. Pero este pacto no gusta a los liberales y tampoco se puede descartar, aunque es muy improbable, una coalición rojo-verde-rojo entre el SPD, los verdes y la extrema izquierda de Die Linke. En último extremo se podría llegar a una coalición de los tres partidos (CDU, SPD y FDP) que gobernaron, nunca los tres juntos, la antigua República Federal antes de la reunificación.

El partido ganador, la personalidad del canciller y la laboriosa coalición final –puede necesitar semanas e incluso meses– serán decisivos. También para España, donde el PP está asociado a la CDU en el PP europeo, y el PSOE tiene largos y fuertes vínculos con el SPD. Aunque no olvidemos la excelente relación del democristiano Helmut Kohl con Felipe González. Los alemanes son hoy más pragmáticos que muchos españoles.