Política catalana Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La oposición de andar por casa

La oposición de casa combina la megafonía catastrofista con unos prudentísimos e inmóviles pies de plomo

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Elsa Artadi.

Elsa Artadi. / Captura video JXCAT

Turull, Borràs, Canadell, Nogueras y Artadi, si bien la última abandona el grupo para tener alguna opción en Barcelona. He aquí el quinteto que toca la marcha fúnebre del Govern Aragonès con la partitura de la fiesta mayor de la independencia exprés. Para fortuna de su partido, el 'no surrender' de Puigdemont se ha reconvertido en un mucho más ambiguo e inocuo 'lo volveremos a hacer' que no caduca hasta dentro de unos cuantos siglos. Lo del 'no surrender', en cambio, implicaba la traición neoautonomista en el lodazal del que chapotean los Puigneró y Giró, indistintamente y en comandita con los ‘consellers’ de ERC.

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La oposición de casa combina la megafonía catastrofista con unos prudentísimos e inmóviles pies de plomo. Sin embargo, es la única con una cierta capacidad desestabilizadora, aunque no la piensan ejercer. Su munición se concentra contra la mesa de diálogo, aunque el acuerdo de 'su' vicepresidente sobre el aeropuerto no habría sido posible sin diálogo. La cuestión, para la fanfarria del quinteto, es repicar radicalismo sin abandonar la procesión donde sus compañeros se encuentran tan cómodamente instalados, todos encantados manejando los resortes y las palancas del pequeño poder autonómico de consolación. El paso de la megafonía a la acción conllevaría, no la ruptura con España sino la partición de JxCat, la sepultura política de Carles Puigdemont y quién sabe si la resurrección de Artur Mas. Todo a cambio de adentrarse por el túnel de la impotencia.

Con el ‘establishment’ encantado por el diálogo, la oposición socialista desactivada desde La Moncloa, la otra ejerciendo de comparsa al exhibicionismo de galería de Laura Borràs y la oposición verdadera, la de andar por casa, yendo de excursión por casa, clamando contra la televisión de casa y saludando desde los puentes de casa como héroes de cómic, la estabilidad y la calma están asegurados. También el plato en la mesa, aunque no contenga la ración deseada de buenos alimentos sino solo tristes migajas como el aeropuerto, las becas o quién sabe si Cercanías.