Los Juegos desde el sofá

Un italiano en la corte de Bolt

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Lamont Jacobs, se ha proclamado campeón olímpico, ahora en 100 metros, con una marca de 9.80

Lamont Jacobs, se ha proclamado campeón olímpico, ahora en 100 metros, con una marca de 9.80 / FABRIZIO BENSCH

Veo a las 14.45 la fulminante salida de los 100 metros lisos en el no menos inmenso estadio Olímpico de Tokio. Y veo a ese nuevo fenómeno, de nombre tan, tan, tan italiano como Lamont Marcell Jacobs, nacido en El Paso (Texas, EEUU) hace 26 años y que se entrena en Jacksonville (Florida, EEUU). Y le veo levitar sobre el tartán a una velocidad inhumana (dicen), es decir, casi a los 37,58 kilómetros con los que el aún mítico jamaicano Usain Bolt logró el récord del mundo (9.58 segundos, en el 2009).

Y, acto seguido, mientras ‘Crazy’ Jacobs se vuelve (o sigue) realmente loco ante su gesta y lo primero que hace es abrazarse a su compatriota Gianmarco Tamberi, este sí totalmente ‘azzurri’ y otro chiflado precioso, oro en salto de altura (¡tremendo doblete de Italia! ¡menuda paliza nos meten en el medallero: 27 a 7), cambio de canal y, a las 15.00, veo la salida del GP de Hungría, que, para más acto circense, resulta que Lewis Hamilton y su impresionante Mercedes están solos en la parrilla, solos, frente al semáforo porque los demás han entrado en boxes a cambiar sus ruedas de agua por las de seco.

Como un disparo

Y Hamilton, claro, arranca a toda mecha en cuanto se apagan las seis luces. Y pienso, mira, Jacobs sale disparado desde sus tacos, puro músculo ("cuando me he acomodado en la línea de salida, le he pedido a mi cuerpo un último esfuerzo y le he jurado que si ganaba, se iría de vacaciones"), impulsado por sus robustas piernas, apoyado en sus tatuados brazos ‘a lo Mike Tyson’ y pensando en la victoria, la que le había prometido a su madre Viviana, a su esposa Nicole y a sus tres hijos.

Y pienso que la mente de Jacobs, fan de los tatuajes y coleccionista de zapatillas deportivas, hijo de una italiana y un militar norteamericano, padres que se conocieron cuando tenían 16 y 18 años, respectivamente, responde al sonido de la pistola, mientras el cerebro de Hamilton solo responde a la luz, mejor aún, a la sensación que produce en sus ojos (bueno, dicen que el Mercedes tiene un detector del semáforo, que se activa solo cuando se apagan: ¡no me lo creo!) los cinco semáforos apagados a la vez.

Orgullo de madre

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Jacobs, que después de probar en el básket y en el fútbol empezó a correr cuando tenía 10 años, alcanza los 37 kms/h. en la meta. Hamilton se pone de 0 a 100 kms/h. en solo 2.5 segundos y corona la recta a 360 kms/h. Nada que ver, pero, ¡qué curioso!, el mejor anuncio de Pirelli, la marca de neumáticos de la F-1, es Carl Lewis, ‘el hijo del viento’, en los tacos de salida, con unos taconazos de aguja a lo Sarah Jessica Parker, con la leyenda “la potencia sin control no sirve de nada”.

Entró en la RAI y veo a mamá Viviana contando, desde su casa de Desenzano, a orillas del lago Garda, que "desde niño, Marcell quería ser Usain Bolt, pues lo está logrando. Lo próximo, ya verán, será el récord del mundo, sino este año, el que viene”. Se llama Lamont Marcell Jacobs y dice ser “99,9% italiano”, pero le llaman ‘Crazy’, por eso Fred Kerley (plata, EEUU) y Andre De Grasse (bronce, Canadá), le tuvieron que decir (varias veces) que era él quien debía ponerse en el centro de la foto “porque eres tú quien ha ganado”.