Los Juegos desde el sofá

"¡Kubala! ¡Chuta! ¡Gol!"

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Novak Djokovic rompiendo al raqueta.

Novak Djokovic rompiendo al raqueta. / TIZIANA FABI/AFP

Antes de entrar en materia, déjenme que les diga que, pese a verlo entre bostezos, he disfrutado mucho, casi demasiado, del oro, perdón, del doble oro (¡caray! ¿por qué no cuenta doble?) de esa maravillosa pareja que parece que no peguen y son Pegamento Imedio, formada por Fátima Gálvez (las chicas primero) y Alberto Fernández. Y nada de que han ganado ‘a lo 10’ en tiro olímpico, se han coronado en tiro al plato, que es como se llama desde siempre.

Y ahí voy. Mi padre, que como buen cazador era un gran competidor en el tiro al plato, me llevaba siempre con él cuando acudía a los concursos que se hacían en Santes Creus, donde veraneábamos, El Pont d’Armentera, Aiguamúrcia, ya menos, y Les Pobles. Recuerdo que papá era un brillante tirador y destrozaba los platos salieran de frente o de lado.

Veía a Fátima y Alberto y me acordaba de la eficacia del 'patillas', de su paciente espera en el punto de disparo, en el cambio de posición, su energía al doblar la escopeta para escupir los cartuchos y, sobre todo, no he podido dejar de pensar en las mañanas que compartí desayuno en el bosque de Sant Sebastià, a la espalda del maravilloso monasterio de Santes Creus.

Aquellos listos sabuesos

Y recuerdo, sí, a todos ellos, los cazadores, con sus chirucas, sus chalecos de cazadores, sus inmaculadas escopetas (cuando mirabas el interior del cañón, era como si entrasen en la habitación de los espejos, de lo que relucían) y les recuerdo esperando que llegase ‘el Sintu’, el amigos de todos del Pont, que, en su estrecho remolque, llevaba a las tres joyas de la corona: Kubala, Chuta y Gol. Nadie iba a cazar si ‘el Sintu’ no traía a sus tres sabuesos. Ni les cuento (yo los oí) cuando penetraban en el bosque y ‘el Sintu’ les gritaba las órdenes, los dirigía, los movía al cántico de “¡Kubala, Gol, Chuta! ¡Chuta, Gol, Kubala! ¡Gol! ¡Chuta! ¡Kubala!" Era graciosisimo. Y cazaban, cazaban mucho.

Esa inmensa alegría por este doble oro de estos majestuosos cazadores de sueños, de oro, se me ha entremezclado con algo tan agridulce (y maravilloso a la vez) como el bronce del monstruo Pablo Carreño, que casi, casi, ya se podría retirar, y el caos que el tenista español ha provocado en la cabeza, mente y cerebro de alguien que se creía (perdón, que se cree) indestructible como Novak Djokovic.

El lamentable 'Nole'

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Y me sabe mal decirlo (o no), pero los comentarios de Djokovic hizo tras el abandono de la joven gimnasta norteamericana Simone Biles, sabiendo todo lo que le ha ocurrido a lo largo de su durísima vida, juventud y adolescencia, me parecen lamentables. "Si tu objetivo es estar en la cima de tu deporte, lo mejor es que empieces a aprender a lidiar con la presión y los momentos difíciles tanto en la pista como fuera de ella (...)Yo he aprendido a desarrollar mecanismos de gestión emocional que me permiten convertir la presión en algo positivo y no como algo que me pueda destruir”.

Muy bien, chaval. Muy bien, campeón. Muy bien, ‘number one’. Pero Carreño te destrozó, te sacó de tus casillas, lanzaste una raqueta a la grada, destrozaste otra, te enfrentaste al juez de silla, perdiste la medalla y, además, dejaste plantada (y sin medalla) a tu compañera de dobles mixto, Nina Stojanovic. Ya veo que lo tienes todo controladísimo, chaval. Podrías pedirle disculpas a Simone Biles y descender unos días a la tierra. Y que te miren la cabeza, de verdad.