El porvenir de la ciencia Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Son el futuro presente

Entre las nuevas generaciones seguro que se hallan muchas de las soluciones que han de mejorar el futuro del planeta

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Un ejemplar del tritón del Montseny, una especie que vive en torrentes situados entre 600 y 1.200 m.

Un ejemplar del tritón del Montseny, una especie que vive en torrentes situados entre 600 y 1.200 m. / Iñaki Relanzón / Projecte Life

El 8 de julio, tras un acto inaugural celebrado en el Born al compás de las mascarillas, la Societat Nova Geogràfica de Catalunya se vestía de largo. Ahora bien, ¿las sociedades geográficas todavía tienen sentido?

Cuando aterrizo en Londres –el Brexit y Boris Johnson no serán obstáculo– rindo pleitesía a dos sires cuyas esculturas montan guardia en la Royal Geographical Society; me refiero a David Livingstone y Ernest Shackleton. El primero viste ropas de safari, y el segundo va cubierto de pieles; ambos me permiten viajar hacia la búsqueda de las fuentes del Nilo o los hielos de la Antártida. Son héroes de infancia, aunque entonces desconocía que la exploradora Florence Baker se vio privada del reconocimiento que sí le concedió la RGS a su marido: Samuel Baker. Padeció fiebres palúdicas, el ataque de unos hipopótamos y descubrió –para Occidente– el lago Alberto; pero no fueron méritos geográficos suficientes. Era una mujer del XIX y la gloria, un coto masculino.

De peque, tampoco sabía que, consternados por la pérdida del capitán Robert F. Scott durante la conquista del Polo Sur –una carrera en la que se adelantaron los noruegos–, el éxito de Roald Amundsen no fue demasiado bien recibido por parte de la sociedad londinense. En el brindis de homenaje, en vez de referirse a él, lanzaron tres hurras por la cincuentena de perros groenlandeses; los mismos que tiraron de los trineos y que –salvo un pequeño puñado– sirvieron de alimento a la expedición. El brindis dudo que estuviese motivado por un repentino amor hacia los canes.

Son los momentos más nacionalistas, machistas, clasistas y colonialistas de unas sociedades geográficas que, en paralelo a sus defectos, ampliaron y divulgaron la realidad de un planeta que los países industrializados ansiaban conocer. Hoy, en cambio, la Royal Geographical Society, la National Geographic Society o la Societat Catalana de Geografia (IEC) han actualizado sus objetivos. Otras, como es el caso de la Sociedad Geográfica Española, nacieron en un cosmos más contemporáneo. Ya no se lanzan a rellenar los mapas salpicados de 'Terra incognita' desde una visión etnocéntrica, sino que –sin olvidar la exploración– se preocupan por los nuevos y apremiantes problemas que afectan al territorio: desigualdad social, cambio climático, sobreexplotación de recursos, expansionismo de las megaciudades, globalización, etcétera. Lo cual quedó muy claro cuando Muntsa Dachs, acompañada de la junta directiva de la Societat Nova Geogràfica, anunció una apuesta clara por el Laboratorio Nuevos Horizontes: «queremos invitar a jóvenes, de entre 16 y 18 años, para escuchar sus inquietudes, retos y propuestas destinadas a construir un futuro mejor. Y es que entre las nuevas generaciones de nuestra sociedad seguro que se hallan muchas de las soluciones que han de mejorar el futuro del planeta. ¡Démosles voz, escuchémoslos y hagámoslo juntos!».

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Las nuevas generaciones son los centinelas del planeta. Y no solo me refiero a Greta Thunberg, sino a miles de infantes y adolescentes más o menos anónimos que, de forma altruista y sincera, dedican buena parte de su tiempo a luchar por causas que muchos adultos habríamos considerado perdidas. De entre ellos, cito a la naturalista y divulgadora Carlota Bruna. A través de las redes sociales, con 24 años recién cumplidos, se ha convertido en inspiración para más de 175.000 seguidores. Apoya, sin descanso, desde campañas de recuperación del rinoceronte africano hasta la conservación de los tritones en Catalunya. Igual que Félix Rodríguez de la Fuente ideó El Club de los Linces, Carlota es la embajadora de Animales Invisibles Explorers, un proyecto que llegará a escuelas, institutos y universidades para fomentar el estudio y protección del patrimonio natural y cultural.

Veo a mi Joan formando parte de esta (R)evolución. También al hijo de Gemma Maya y Jordi Santamaria. Conocí a Marcel en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona. Visita la institución con asiduidad y sigue sus actividades 'on line'. Edad actual: 3 años. Me ha pedido que le guíe por la exposición temporal que acaba de inaugurar el museo: 'Bebés Animales'. Marcel, Joan, Carlota y estos pequeños animales son, sin duda, el futuro presente.