La derecha española

El PP ante Vox

Para conseguir 175 escaños Casado no tiene otro remedio que recuperar votante de extrema derecha y al mismo tiempo contar con el apoyo de Vox, pero no será fácil que los chacales de Abascal se dejen poner el dogal como unos corderitos

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El presidente del PP, Pablo Casado, en un acto del partido en Galicia, el pasado 17 de julio.

El presidente del PP, Pablo Casado, en un acto del partido en Galicia, el pasado 17 de julio.

Consumada la absorción del espacio de Ciudadanos y empujado por el viento de la victoria de Díaz Ayuso en Madrid, el PP vira hacia la derecha con un objetivo explícito: recobrar votantes de Vox. Parece que lo está consiguiendo. Ahora bien, sería una ingenuidad suponer que Vox no reaccionará o solo lo hará con amenazas de romper acuerdos de gobierno con los populares. La extrema derecha puede hacer cualquier cosa menos facilitar que un gobierno municipal o autonómico pase a ser gobernado por la izquierda. Así como en otros países, como Francia sin ir hacia el este, la derecha radical ha sustituido a la moderada en las preferencias del electorado, en España, si no se produce un vuelco hoy por hoy impensable, Vox está condenado a hacer de muleta del PP de manera simétrica al papel finalmente asumido por Podemos en relación al PSOE: apoyo incondicional de fondo con gesticulación constante para que no se desdibuje el perfil propio.

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Sin embargo, hay una desemejanza sustancial entre España y Francia o países como Hungría y Polonia donde la extrema derecha ya gobierna, y es la siguiente. En España, Vox no está en condiciones de imponer sus políticas de manera directa, porque sigue lejos de conseguir puestos claves de poder institucional, pero puede hacerlo a través de la derecha digamos tradicional mientras no vuelva a merecer el calificativo de moderada. Aquí se acaba y así se rompe la simetría dibujada entre los dos partidos de la derecha y los dos de la izquierda, por el enorme diferencial entre la capacidad de tracción de Vox y la de Podemos. Si a un lado, el final político de Pablo Iglesias y la entronización de Yolanda Díaz certifica la conformidad de Podemos con su destino de monaguillo que repica la campanilla y practica genuflexiones al lado del oficiante que se mantiene impertérrito, nadie puede decir en la otra parte, una vez situado Pablo Casado tan cerca de Vox, hasta qué punto Santiago Abascal es capaz de arrastrarlo hacia sus posiciones. Solo sabemos que cuenta con la inestimable y no menos efectiva por silenciosa colaboración de Isabel Díaz Ayuso.

Para Vox, una cosa es aceptar a la fuerza el no tan triste destino de coadyuvador y la otra mostrarse indiferente y no reaccionar ante la continuada erosión del espacio propio en beneficio del hermano mayor, al tiempo socio y rival. Y si de entrada ha reaccionado de forma intempestiva e infantiloide, no sería de extrañar que, una vez consultados por Abascal sus padrinos ideológicos y políticos (léase en singular), probara de actuar de manera más madura y efectiva con la simple estrategia de situarse aún más a la derecha con propuestas y medidas que, por un lado, reactiven su presencia en los medios, y por el otro incomoden, quizá no mucho a Casado pero sí a los barones del PP que no quieren de ninguna manera que saque el pie que aún mantiene en el centro y lo desplace junto al que ya tiene asentado y anclado en la derecha más combativa que, insistamos y aclaremos, es ya más tradicionalista que tradicional.

De momento, Vox parece una víctima, claro que nada inocente, de la pinza del PP que consiste en quitarle la cartera ideológica y, con la complicidad de los medios afines, propiciar la invisibilidad de Abascal y los suyos. Es sabido que cuanto más división del voto dentro de cada bloque en las provincias vacías, más ventaja se concede al rival. Con la práctica absorción de Ciudadanos, Casado ha dado un formidable salto adelante. Pero no le será tan fácil lanzar una OPA hostil sobre Vox sin empujar una parte del electorado de centro hacia el PSOE.

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Un ejemplo: haciendo de contra espejo a la ley de memoria histórica, el blanqueo del franquismo propiciado por Casado con frases tan sibilinas y ambiguas como mal intencionadas tiene como finalidad dejar a Vox sin una de sus trincheras naturales, pero ya veremos cómo se queda atrás si Vox pasa de la justificación a la reivindicación siguiendo las trazas de la extrema derecha italiana, mucho más desenvuelta y descarada en las alusiones a su filiación del fascismo de Mussolini.

Para conseguir 175 escaños Casado no tiene otro remedio que recuperar votante de extrema derecha y al mismo tiempo contar con el apoyo de Vox, a ser posible de un Vox debilitado y disminuido. Pero no será fácil que los chacales de Vox se dejen poner el dogal como unos corderitos.