Vacaciones Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Con invitados no hay lectura

Como cada verano, sospecho que he cargado con demasiados libros para tanta actividad social

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Un hombre leyendo un libro en la playa.

Un hombre leyendo un libro en la playa.

Uno de los propósitos que tenemos algunos de los que en esta época del año podemos disponer de vacaciones es leer mucho. Una actividad que preferimos hacerla en un entorno tranquilo, en el lugar predilecto y cuando el ambiente acompaña. Cada verano cargo en el coche una bolsa repleta de libros. Son títulos que he comprado a lo largo del invierno y que pretendo leer durante mis días de merecido descanso. Tengo una estantería en mi casa únicamente destinada a esos libros que viajarán conmigo a la casita de verano. Mi optimismo natural me hace pensar que siempre llevo pocos. Me aterra pensar que puedo quedarme sin lectura en plenas vacaciones. Confío en que voy a tener horas y horas para leer sentado en mi sitio favorito, frente al mar, al son de las olas, mecido por la brisa que entra por la ventana. Cuando llego, lo primero que hago es colocar los libros por el orden que creo que debo leerlos. Los primeros días no cuentan, porque son muchas las tareas de abrir una casa y hay que hacer constantes viajes con pequeños o grandes recados para conseguir que todo esté en las condiciones que exigimos para nuestros invitados, que pronto irán llegando. Por fin llega el día en que puedo abrir el primer libro. Mientras leo tomo conciencia de que estoy justo en el momento que tantas veces he anhelado en invierno; siento que estoy viviendo un imperceptible momento de felicidad. Días después, cuando el libro está ya avanzado, llegan los primeros invitados a pasar unos días. Amigos a los que quieres agasajar con, a ser posible, continuada diversión y que, por tanto, se transforman en el mayor obstáculo para poder retomar el libro. Inmediatamente, uno se da cuenta de que ha de renunciar al tiempo que antes se dedicaba a sí mismo. Ser un buen anfitrión exige una agitada actividad que conlleva abandonar unas cuantas cosas, y la lectura es, sin lugar a dudas, la principal.

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Ahora, como cada verano, sospecho que he cargado con demasiados libros para tanta actividad social. Es lo que tiene tener amigos con quienes compartir tu tiempo. Como decía aquel: con mis invitados siempre estoy contento. Contento cuando vienen, contento cuando se van. Pero, aun así, algunos libros volverán a casa leídos y con algún granito de arena entre sus páginas. Seguro.

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