El capitalismo fálico viaja al espacio

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El capitalismo fálico viaja al espacio

Tras viajar en un cohete fálico hasta la frontera del espacio, situada a 100 kilómetros, en un ida y vuelta que apenas duró 11 minutos (de los que solo cuatro fueron de ingravidez), Jeff Bezos, dueño de Amazon y multimillonario, ha dado con la solución a la crisis climática. Propone crear ciudades orbitales e instalar en ellas las empresa sque más contaminan en la Tierra. No es una idea altruista, es la visión de un gran negocio para él, y otros como él.

Esta carrera de astronautas millonarios, en la que participan Richard Branson, dueño de Virgin Galactic, y Elon Musk, creador de Tesla, es una metáfora del mundo pandémico en el que aún estamos y una respuesta a la pregunta que nos hacíamos hace unas semanas: ‘no, no vamos a salir mejores’. Somos la misma especie prepotente y depredadora.

Jon Stewart, humorista y expresentador de Comedy Central, ha colgado un vídeo en su cuenta de Twitter en el que defiende que es un asunto de testosterona y narcisismo. Los tres grandes, y quién sabe si habrá más, buscando la gloria y el negocio a bordo de naves en forma de pene.

Afearles este espectáculo recordándoles el hambre, la pobreza y las desigualdades que sufre gran parte de la humanidad, podría parecer demagógico. Es posible que el desarrollo espacial privado genere avances para todos. De momento solo tenemos la realidad.

150 millones de pobres extremos

Según el Banco Mundial, este año habrá 150 millones de pobres extremos (personas que viven con menos de dos dólares al día). La ONU ha denunciado un incremento de la violencia contra las mujeres. Solo en el Reino Unido, las llamadas de socorro aumentaron un 700%. Millones de mujeres se han visto confinadas junto a su maltratador.

Nada más aterrizar de su viaje, Bezos dio las gracias a sus empleados y clientes "por pagarle el viaje". ¿Está fuera de la realidad o es cinismo? Tal vez intentó ser chistoso. ¿Agradecer a sus empleados sin derecho a sindicarse, sometidos a horarios de esclavitud, sin apenas tiempo para ir al retrete y con unos altos objetivos de productividad que fomentan el estrés?

Solo faltó agradecérselo también a todos los estadounidenses, compren o no compren en sus negocios. Hubiese sido lo lógico: ellos también han financiado de manera indirecta. Amazon como otras grandes empresas en EEUU no pagan impuestos federales. Bezos no aportó nada al erario público de EEUU en 2007 y 2011. Musk, ni un céntimo en 2018. Así cualquiera va a la luna, o más lejos.

Más capitalismo salvaje

Pasará la pandemia y seguiremos inmersos en este capitalismo salvaje que cortó las bridas que lo limitaban, impuestas tras la Gran Depresión para evitar la barra libre que llevó al desastre. Se añadieron otras tras la Segunda Guerra Mundial para competir con la URSS. Se hablaba de "capitalismo con rostro humano". Donde antes había disimulo, ahora hay ostentación espacial.

Todo saltó por los aires en los años ochenta del siglo XX con la revolución ultraconservadora de Donald Reagan y Margaret Thatcher, que liberalizó los mercados. El de la electricidad que ahora paga tan caro, también. Prometían precios más baratos y servicios competitivos tras privatizar las empresas públicas. Fue una estafa de la que se han lucrado muchos de los que no pagan impuestos. Esta vuelta a las andadas de los años veinte provocó la crisis de 2008.

Hoy mandan los mercados financieros, no tanto la política, y mucho menos los ciudadanos. Un ataque coordinado desde Wall Street y alrededores puso de rodillas a Grecia en 2009 y otro similar estuvo a punto de tumbar el euro en 2012. Vivimos en democracias formales sometidas al dictado de unos consejos de administración sin rostro que no se presentan a elecciones.

Catástrofe climática

La pandemia ha sido un parón repentino. Era una oportunidad para repensar este sistema de producción y de riqueza que explota personas y destroza el clima. Contra el virus, existen las vacunas; contra la catástrofe climática solo tenemos la prevención. Cruzado un umbral que no está lejano, el desastre será irreparable. Habrá guerras por el agua y desplazamientos masivos.

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Quizá Bezos y otros como él sientan que este planeta no tiene futuro y es necesario crear una red de ciudades espaciales en las que puedan sobrevivir los elegidos, como en una película de ciencia-ficción. Los elegidos son los que eligen. Antes deben resolver su inmortalidad.

Una de las iniciativas más divertidas tuvo lugar en la plataforma Change.org. Recogían firmas para que no se permitiera a Bezos regresar a la Tierra. Logró cerca de 200.000. Al menos, nos queda el humor, y nos queda Jon Stewart.