Apunte

¿Qué fue de la opa a Naturgy?

La evolución de las acciones y la ofensiva de La Caixa complican la operación

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¿Qué fue de la opa a Naturgy?

Estos días me viene a la memoria el título de una comedia: '¿Qué fue de los Morgan', en la que un matrimonio ha de huir y ocultarse de las garras de unos matones. Salvando las distancias, podríamos aplicar el título -no el contenido- a la oferta pública de adquisición de acciones (opa) del fondo australiano IFM sobre el 22,69% de Naturgy. Realmente parece que la operación, que ha de ser aprobada por el Gobierno como máximo a principios del mes que viene, se va diluyendo desde que se conoció a finales de enero.

Además de la ofensiva de Criteria, el brazo inversor de la Fundación La Caixa, convertida en garante de la españolidad y de los planes industriales de Naturgy como primer accionista, está la cotización de las acciones. Los títulos han llegado a superar los 22,37 euros de la oferta del fondo de las antípodas. Difícilmente atraerán así a nadie a su oferta.

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Aunque IFM supeditó la opa a obtener un mínimo del 17% del capital, resultará complicado alcanzar esta meta. No es solo el precio, que ya de por sí es importante, sino el aumento de participación de La Caixa, que cuenta ya con el 25,94% del capital, desde el 24,82% que tenía cuando comenzó con su ofensiva. Y prevé llegar al 29,99% si es preciso (sin superar el 30% que le obligaría a lanzar una opa sobre el 100% ). Además, si cumplen su palabra, los otros dos grandes accionistas de referencia, CVC y GIP, con el 20% cada uno, afirmaron que no venderían, como tampoco lo hará la argelina Sonatrach, con casi el 4%.

Así las cosas, a IFM le quedan pocas opciones: retirarse, dejar que la operación se muera por no llegar al mínimo requerido o, si tienen ganas de batallar, aumentar el precio. Tras meses de parón por la opa, Naturgy decidió aprobar finalmente su nuevo plan estratégico la semana que viene. Esto puede disparar más las acciones que, antes de la opa rondaban los 17 euros (ahora superan los 22), o no, pero lo cierto es que la operación se tambalea y el Gobierno, que se la jugaba con la decisión de avalarla o no, puede cada vez respirar más tranquilo.