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Esperando a los liberales

Inés Arrimadas García acaba de cumplir cuarenta años. Y desde la atalaya que supone esta edad instó a sus compañeros de filas a recordar qué estaban haciendo hace una década. Un ejercicio que pretendía hacerles ver que aquel pasado de Ciudadanos era mucho peor que su presente español

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Inés Arrimadas.

Inés Arrimadas. / EUROPA PRESS / JESÚS HELLÍN

“Lo mejor está por venir”, cantaba Frank Sinatra. Y se lo creyó tanto que no solo decidió despedirse definitivamente del público interpretando este tema como colofón de su último concierto, sino que quiso convertir el título en epitafio. Y la frase puede leerse en su tumba.  

No consta que sonara en la última convención política de Ciudadanos. La del pasado fin de semana. Ni que en aquel foro se usara la expresión, por otra parte socorridamente popular. Quizás porque nadie en el partido está convencido de que así sea. Sí que las crónicas insistieron en dos conceptos: liberalismo y resistencia. Y el clamor a no rendirse equiparó a Ciudadanos con sus antagónicos catalanes independentistas, compartiendo el mismo eslogan: 'no surrender'.

Inés Arrimadas García (Jerez de la Frontera, 3 de julio de 1981) acaba de cumplir cuarenta años. Felicidades. Y desde la atalaya que supone esta edad, exageradamente relacionada con la crisis personal, instó a sus compañeras y compañeros de filas a recordar qué estaban haciendo hace una década. En 2011. Un ejercicio que pretendía hacerles ver que aquel pasado de Ciudadanos, cuando sólo residían en Catalunya, era mucho peor que su presente español, por diezmado que haya quedado tras eufóricas noches electorales y grandilocuentes perspectivas frustradas por serios errores de cálculo. Por ejemplo, no haber siquiera intentado canalizar su victoria catalana en el Parlament y convertirla solo en plataforma de lanzamiento de la Sra. Arrimadas para su escalada española. Y así ha quedado la formación allí donde nació. 

Es lógico que tales pretéritos desoladores tiendan a olvidarse en momentos de relanzamiento. Y que disgusten quienes se los recuerdan. Por esto doña Inés invitó a “huir de los cenizos y pesimistas porque el futuro no está escrito”. Nada más cierto y, en cambio, nada menos vigente en tiempos de pronósticos, proyecciones y profecías facilitados por algoritmos de los que nunca se habla cuando fallan. Y lo hacen. Lo ha demostrado la pandemia, desmontando las teorías apocalípticas que tanto han gustado a quienes siempre se apuntaban al cuanto peor, mejor. 

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Horas después de aquel encuentro familiar para reforzar ánimos, las encuestas salieron a desafiar de nuevo a quienes en tiempos de Albert Rivera se las prometieron muy felices. La del lunes de GESOP, en estas páginas, rebajaba los diez escaños actuales de los naranja en el Congreso a solo dos o tres. Dos días después, el CIS lo hacía con la estimación de voto. 1,3 puntos menos si las elecciones fueran ahora. Pero, como no parece que Pedro Sánchez tenga urgencia alguna en acabar la legislatura ni sus contrarios capacidad para obligarle, sería lógico pensar que, en su intimidad, la Sra. Arrimadas crea poder revertir los sondeos, mientras tararee la canción que Tony Bennett cantó antes de que Sinatra se la quedara.  

Apostar por la recuperación del concepto “liberales” fue otra señal significativa. Primero, porque la historia demuestra que en España esta doctrina no ha gozado ni de buena ni de larga salud. Especialmente, si solo se aplica a lo económico. Y, después, porque cuando a un liberal no le acompañan las formas tolerantes que la teoría le acredita sucede lo denunciado por John Wayne: te gritan y no te dejan hablar si no estás de acuerdo con ellos. Sobran ejemplos.