Financiación de la UE Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

¿Quién teme al MEDE?

No acudir al fondo europeo para reforzar la sanidad pública es uno de los errores más inexplicados e inexplicables: porque se ha preferido orgullo nacional a ayuda europea condicionada

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Cartel del programa europeo Next Generation, en Bruselas.

Cartel del programa europeo Next Generation, en Bruselas.

Termina el curso y, temporalmente, nos despedimos de multitud de temas que nos han angustiado, deprimido o irritado. Algunos todavía pendientes y otros desvaneciéndose en el barullo generado por política, economía y pandemia. Sobre los primeros, tiempo habrá de regresar a ellos, aunque quisiera dejar un listado de los más relevantes. 

Así, en el ámbito del covid, y de la economía a ella vinculada, habrá que comprobar hasta dónde nos afectó la quinta ola, y cuánto se pudo recuperar de la perdida temporada estival. En lo tocante a la política, o en el de la política económica, habrá que ver qué deparará la mesa entre los Gobiernos catalán y español; qué resultados ofrecerá la comisión bilateral Generalitat-Gobierno de principios de agosto; hacia dónde se dirigirá el debate sobre el nuevo modelo de financiación autonómica, sobre el que han tomado posiciones ya Valencia y Baleares; y cuál será la dirección de los presupuestos y su viabilidad, vinculada al apoyo de ERC y otros partidos. 

En lo que atañe a los esperados fondos Next Generation, lo más relevante será el alcance de las reformas exigidas, en particular tras la advertencia de los representantes holandeses en el Ecofin, recordando que si no hay reformas no hay fondos

Finalmente, en lo que atañe a los esperados fondos Next Generation, lo más relevante será el alcance de las reformas exigidas, en particular tras la advertencia de los representantes holandeses en el Ecofin, recordando que si no hay reformas (pensiones, fiscalidad o laboral) no hay fondos. A ello añadan otros dos sustantivos temas que, procedentes de la UE, van a afectarnos, y mucho: desde Bruselas, el rediseño del Pacto de Estabilidad (control del déficit y deuda), que ha comenzado ya a discutirse; y, desde Frankfurt, el tempo de la transición del BCE hacia una política monetaria menos expansiva. Como pueden ver, un catálogo que marea, y que nos va a mantener entretenidos, preocupados o amargados el próximo curso. 

Pero hoy, antes de echar el cierre veraniego, quiero rescatar un aspecto de la política económica de la pandemia que ha tenido la callada por respuesta: a nadie, ni en Barcelona ni en Madrid, ha interesado mentar el fondo de 250.000 millones de euros para reforzar la sanidad pública, aprobado por la Comisión Europea a principios de la pandemia. Justamente para ayudar a países, como el nuestro, en mayores dificultades. ¿Hemos pedido algún euro? Por descontado que no: ni el Gobierno español ni las CCAA, que podrían haberlo planteado en las Conferencias de Presidentes. 

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¿Tan fuerte tenemos la sanidad pública? ¿Tantos recursos a su disposición? En absoluto. Porque, aunque ha habido mejoras transitorias, la primaria continúa colapsada, no se ha avanzado en el balance pre-pandémico prometido ni sobre las consecuencias presupuestarias que implicaría su mejora; y tampoco en las medidas económicas, en particular para los CAP, que precisaría la sanidad, acordadas en el Pacto de Reconstrucción de julio de 2020. 

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No parece que la negativa a acudir a Bruselas, aunque no se ha explicitado, fuera el carácter de préstamos a devolver: también lo eran los fondos SURE, con los que España ha financiado los ERTE. ¿De qué se trata entonces? Del organismo que los concede: para reforzar el sistema sanitario, el acreedor sería el famoso MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad), que gestionó la ayuda a países en dificultades (Grecia, Irlanda, Portugal o Chipre), al que pertenecen los famosos 'hombres de negro', y que financió la reconversión de las cajas españolas en 2012 con duras condiciones macroeconómicas. Frente al covid, no obstante, se acordó que la única condicionalidad que el MEDE podía exigir sería que los recursos se destinaran estrictamente a sanidad: ninguna otra condición.

Los errores cometidos en la gestión sanitaria del covid son muchos. Y, como esta quinta ola muestra, parecen agrandarse. Pero el no acudir a los fondos europeos es uno de los más inexplicados e inexplicables: porque se ha preferido orgullo nacional a ayuda europea condicionada. Mal asunto, cuando infectados, hospitalizados y muertos han sido nuestro pan de cada día.