Cambio de Gobierno Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Las mentirijillas de este verano

No descarten que Sánchez y su corazón de hielo haya querido hacer una simple demostración del poder casi absoluto que cree administrar y de la independencia personal frente al entorno que creía condicionarle

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Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez con los nuevos ministros.

Foto de familia del Gobierno de Pedro Sánchez con los nuevos ministros. / DAVID CASTRO

Aunque Pedro Sánchez ha ido con mucho cuidado y ha estado prácticamente hermético respecto a sus movimientos de las dos últimas semanas, hemos tenido mil y una interpretaciones públicas ajenas sobre sus motivaciones y objetivos. Ningún observador de la política interior española ha dejado de hacer lecturas como si fuesen grandes enterados. Barajando tres o cuatro datos, siempre los mismos, con el supuesto pero probable desgaste psicológico y funcional de la larga e irregular batalla contra el covid por delante. Pero, asimismo, a partir de los forcejeos en la distribución de competencias entre la Administración central y las autonomías (a causa de nuestro inacabado modelo territorial), del duro viaje hacia una comprensión bastante generalizada de la conveniencia política de los indultos en las esferas ajenas al PP y Vox, y de las causas profundas de la impresionante victoria simplista de Isabel Díaz Ayuso en las elecciones madrileñas.

Pese al profundo desconocimiento de los objetivos de Sánchez se han hecho todo tipo de teorías presuntuosas para interpretar lo que ha pasado delante de nuestros ojos, sin que supiésemos ver otras claves quizá más sencillas. No descarten, por ejemplo, que Sánchez y su corazón de hielo haya querido hacer una simple demostración del poder casi absoluto que cree administrar y de la independencia personal frente al entorno que creía condicionarle. O una rectificación matizada de sus propias relaciones con el partido que le respalda, cuando ha ahuyentado la posibilidad de que se le haga sombra desde Andalucía o desde los abuelos opinantes felipistas, que se creen todavía en el siglo XIX. O una descompresión quirúrgica de la malsana obsesión psicológica nacional por la relación con Catalunya o de la influencia infinita que atribuye la derecha al apoyo parlamentario que recibe de un sector de los independentistas...

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Antes, las mentirijillas del verano se hacían sobre supuestos fichajes que nos traería el fútbol. Lo de ahora, especulaciones sobre lo que pasa dentro de la cabeza de un hombre tan hermético como Sánchez, vale tan poco como aquello. Al tiempo.