Editorial

Sánchez pasa página y se refuerza

El presidente quiere agotar la legislatura, tener al PSOE engrasado para ganar las municipales y las autonómicas y llegar vivo a las elecciones generales

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Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / Valda Kalnina/Efe

La esperada remodelación de Gobierno de Pedro Sánchez tuvo ayer un calado y una extensión que nadie vio anticipadamente. Solo quedaron al margen de los cambios las áreas de economía y seguridad y los ministerios asignados a Podemos en el pacto de coalición. Lo más sorprendente y significativo es la salida del Ejecutivo del núcleo duro del presidente formado por Carmen Calvo, su vicepresidenta política, por José Luis Ábalos, su referente en el partido, y por Iván Redondo, su asesor estratégico. Las disputas entre ellos por la coordinación del Gobierno y algunos errores compartidos, como la moción de censura en Murcia que desembocó en las elecciones autonómicas en Madrid con pésimos resultados, explican este giro copernicano. El resto de salidas se explican por tratarse de ministros con los deberes acabados y muchos rasguños o con un perfil político prácticamente inexistente, aunque por este motivo también hubieran estado justificadas las salidas de algunos ministros de Podemos.

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Sánchez quiere agotar la legislatura, tener al PSOE engrasado para ganar las municipales y las autonómicas y llegar vivo a las elecciones generales. Y ha buscado perfiles que le ayuden a todo ello: gente próxima, del mundo municipal, mujeres, con experiencia política pero también profesional, una nueva generación para plantar cara a diestra y siniestra y para aprovechar al máximo la recuperación económica y los fondos europeos. A Sánchez le gustaría que no se hablase de otra cosa, que no hubiera ningún ruido. Queda claro que el presidente del Gobierno no se va a amedrentar por el griterío de la oposición. Va a perseverar aunque para hacerlo prescinda de quienes le han ayudado en estos tres primeros años. Todo indica que algunas encuestas o algunos pálpitos son peores para las expectativas electorales del PSOE de lo que se ha reconocido públicamente hasta ahora. El calado de la remodelación así lo demuestra.

Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno tras enfrentarse a lo que coloquialmente se conoce como el aparato del PSOE. En estos tres primeros años se ha dedicado a gobernar desde la precariedad parlamentaria, con alianzas inestables y con la pandemia como gran reto. Ahora pasa página y pone el foco en la recuperación, de la economía, de la iniciativa política y del mismo PSOE como partido político. Lo de ayer es un reencuentro con el PSOE, pero posiblemente para hacerlo distinto a partir del congreso de octubre. Caras nuevas para un tiempo nuevo. Hay que reconocerle al actual presidente valentía y determinación, cualidades que en algunos momentos le convierten en un temerario, pero esta última jugada demuestra que no tiene problema en cambiar lo que no acaba siendo disfuncional aunque algún día resultó imprescindible. Todo un aviso para los que desde el lunes serán su nuevo núcleo de confianza. La oposición dice que el problema es él, lo único que no cambia.