La UE ensaya la autonomía estratégica

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Antigua torre campanario en la ciudad de Xian, en China.

Antigua torre campanario en la ciudad de Xian, en China. / 123rf / phongphon

Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) tienen previsto encargar el 12 julio a la Comisión Europea la elaboración de una lista de proyectos de gran impacto y visibilidad en infraestructuras y transporte para contrarrestar la arrolladora influencia de la iniciativa china denominada Una Franja, Una Ruta en Asia, África, Latinoamérica y la propia Europa. La medida busca resaltar la proclamada autonomía estratégica de la UE y su voluntad de actuar como gran potencia con agenda propia.

El Grupo de las Siete mayores potencias (G7) ya acordó en junio desarrollar las infraestructuras en los países de renta baja y media para contrarrestar la primacía de China en esos proyectos. Pero la UE quiere resaltar y diferenciar su propia iniciativa para hacer más visible su actuación y su autonomía. Por ello, el Consejo de Ministros de la UE pedirá que desarrolle un nombre de marca y un logo propios, reconocibles públicamente, para darle mayor relevancia y para que pueda competir en visibilidad con la omnipresente Nueva Ruta de la Seda de China.

Una vez más, la iniciativa de la UE puede verse debilitada por la falta de concreción de los medios financieros y su tradicional deficiencia de no respaldar sus proyectos exteriores con los medios económicos para alcanzar el objetivo fijado. El texto que deben aprobar los ministros de Exteriores se limita a pedir a la Comisión Europea que presente un esquema de financiación público y privado, en el que participen los Veintisiete, el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y que incluya acuerdos bilaterales, créditos a la exportación y garantías.

Proyectos chinos en Europa

En lugar de destinar nuevos fondos a esta iniciativa, la UE probablemente va a cambiar de denominación proyectos ya existentes o previstos y se priorizarán los financiados con capital privado, señala Pepijn Bergsen del think tank Chatham House. En comparación, el valor a finales de 2020 de los proyectos de infraestructuras financiados por la iniciativa china superaban los 2,1 billones de euros e incluyen proyectos en los Balcanes y en países de la UE, como Hungría y Grecia, según un informe del Grupo Bolsa de Londres.

La propia Italia, la tercera mayor economía de la UE y miembro del G7, firmó en marzo de 2019 su adhesión a la Nueva Ruta de la Seda china para financiar la modernización de sus puertos e infraestructuras. Incluso en Latinoamérica y Caribe, 19 gobiernos han firmado acuerdos con China por valor de 844.000 millones de euros en la construcción de infraestructuras y en comercio transcontinental. El grupo naviero chino Cosco, por ejemplo, está construyendo un nuevo puerto por valor de 2.500 millones de euros en Chancay (Perú).

La autonomía estratégica europea, asociada originalmente a la política exterior y de defensa, se amplió en el Consejo Europeo de octubre de 2020 y en el Consejo de Ministros de Competitividad de noviembre de 2020 a los ámbitos económico, industrial y tecnológico. Pero su eficacia práctica se ve limitada por el desacuerdo de los Veintisiete sobre su alcance.

Divergencias entre los 27

Los divergentes intereses económicos y orientaciones políticas de los Veintisiete ya limitan tradicionalmente la eficacia de la política exterior y de seguridad común. Pero las divergencias también afectan al área económica, industrial y tecnológica. Doce países de la UE -Irlanda, Dinamarca, Suecia, Holanda, Lituania, Letonia, Estonia, República Checa, Eslovaquia, Malta y España- más dependientes de los flujos comerciales y con menor poder industrial y tecnológico autónomo encorsetaron la autonomía estratégica promovida por Francia, Alemania e Italia con el objetivo de “mantener una economía abierta”.

Para sortear la paralizante contradicción entre los países que priman la apertura comercial exterior y el grupo que busca evitar la dependencia industrial y tecnológica europea, la UE debe utilizar su poder normativo internacional para promover a nivel mundial estándares técnicos y regulaciones y asegurar un multilateralismo que evite la competencia desleal a través de unas normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) compatibles con los valores y los intereses europeos, destaca Éric Van den Abeeleen en ¿Hacia un nuevo paradigma en la autonomía estratégica abierta? El informe también recomienda desarrollar proyectos tecnológico-industriales de interés común europeo, forjar una cooperación industrial entre los Veintisiete y corregir las principales debilidades de la UE en sus cadenas estratégicas de producción y suministros.

 

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