Catalunya y España

¿Quién será nuestro Michael Collins?

Sánchez y Aragonès saben que si la mesa fracasa no tienen futuro, pero si consiguen un pacto, que necesariamente implicará renuncias, serán triturados por su propio bando

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, en la Mocloa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, en la Mocloa. / David Castro

Cuando dos se sientan a negociar, saben que tendrán que ceder. Las declaraciones de Pedro Sánchez, negando la amnistía y diciendo que no habrá referéndum de independencia, y de Pere Aragonès, reclamando la amnistía y afirmando que el referéndum es inevitable, son aparentemente incompatibles, pero responden a una estrategia lógica en cualquier negociación: no renunciar de entrada a los planteamientos de máximos para lograr al final un acuerdo lo menos malo posible. Para poder sentarse en una mesa en mínimas condiciones, los dos presidentes han entregado su primer tesoro: Sánchez se sentará con los indultos y Aragonès con la renuncia a la unilateralidad, firmada por Junqueras. Los dos pueden exhibir heridas de guerra simétricas: Sánchez ha sido linchado por media España y medio PSOE y Aragonès, y por extensión ERC, por medio independentismo. No son los primeros, ni serán los últimos, que tendrán que aguantar el chaparrón en sus propias filas.

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Cuando en una tregua de la guerra de independencia de Irlanda, a Michael Collins, dirigente del IRA y héroe irlandés. le tocó justo hace un siglo negociar con los ingleses, volvió a casa con el logro notable de un Estado libre irlandés, aunque con un sistema bicameral y teniendo que jurar lealtad al rey. Collins fue, por supuesto, acusado de traidor y de venderse al Imperio Británico, pero tuvo la valentía de preferir un acuerdo imperfecto a la utopía estéril. Cien años después, y en un contexto totalmente diferente, en Catalunya los dos gobiernos buscan no un héroe de la retirada, como se dice a menudo, sino un héroe de la cesión, al estilo Michael Collins. Sánchez y Aragonès saben que si la mesa fracasa no tienen futuro, pero si consiguen un pacto, que necesariamente implicará renuncias, serán triturados por su propio bando. Al bajar del avión con el pacto, Collins exclamó: "He firmado mi propia sentencia de muerte". Esta es la gran batalla que le espera a los dos presidentes: ceder, primero, y explicarlo después. Por cierto, Michael Collins murió tiroteado por un comando del IRA anti-acuerdo, un año después del pacto.