Dietario de la espera

Un planeta achicharrado

Sobre el cambio climático, el campo olvidado, el cuervo Rockefeller y otras calenturas

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Terreno afectado por la sequía.

Terreno afectado por la sequía.

Sábado, 5 de junio. Malestar tras la segunda dosis de la Pfizer. Flojera y un dolor de cabeza atómico. A media tarde salgo a la lavandería a recoger el edredón y, mira por dónde, regreso a casa con tiritona. Casi 38,5 en el viejo termómetro de mercurio. Intento leer, y nada. Ni me apetece ver la tele, ni escuchar siquiera el 'easy listening' de Spotify, donde suena 'Life is just a bowl of cherries', en la voz de Doris Day, con cierto recochineo. Apago. Busco la oscuridad horizontal y el silencio, como hacen los chuchos por instinto cuando se ponen malos. Los animales piensan mucho más con el cuerpo. ¿En qué combustiones andarán las células vacunadas? Pobre cuerpo, carcasa ignorada, solo implacable cuando pide atención. Remite la fiebre y busco los versos de Wislawa Szymborska: «Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo».

Miércoles, 23. Cada mañana, con el primer café, el Windows ordenador me obsequia con imágenes de paisajes que nunca pisaré: ayer, los Vermilion Cliffs, en Arizona; hoy, la península de Robberg, en Suráfrica. Cuando me despego de la silla, por la noche, consigo quedarme dormida a una hora prudencial a pesar de la euforia petardera y el botellón. Se vino un sueño raro: en el aeropuerto, la tarjeta de embarque consiste en un cartón parecido a la lotería del 'rasca rasca' donde el destino aparece debajo de la purpurina: San Diego, Santiago de Compostela, Ulán Bator, lo que te toque. Rasco con el canto de una moneda, me sale Nápoles y, desesperada, porque quiero volver a casa, trato de cambiar la ruta con otro pasajero.

Jueves, 24. En la tele, el Papa recibe en audiencia a Spiderman, el superhéroe de Marvel. Definitivamente, no desfasan los sueños; delira la realidad. 

Viernes, 25. Leo 'Tríptic de la terra' (Llibres Anagrama), de Mercè Ibarz. Me gustan su mirada, la libertad con que mezcla géneros y la idea vertida en el último ensayo, 'Labor inacabada', la de entender la escritura como el oficio de cultivar un campo y rendir así tributo a su ascendencia campesina: «Soy una labradora, payesa de las letras, propietaria de mi terreno, varios bancales de cultivo que trabajo tanto como permiten y exigen el barbecho y la sazón». Tierras secas de Saidí.

Canadá se asfixia. ¿Qué va a pasar con la Tierra? ¿En qué yermo cultivaremos? ¿Quién tendrá la llave del agua?  

Miércoles, 30. Viaje a Sevilla. Bastante lío en el aeropuerto; falta personal, como en el sueño. El avión sobrevuela centenares de hectáreas cultivadas de olivo, tierras requemadas de soles, injusticias seculares y una explotación poco razonable del campo; pienso en los míos. Al aterrizar, una sofoquina de 38 grados a la sombra, como cuando la fiebre, pero, aun así, aquí nadie se desprende de la mascarilla; el miedo sigue ahí, agazapado. Pobre gente la del noroeste de Canadá, acostumbrados a los abetos y a la nieve, rotos por temperaturas que rozan los 50 grados, un castigo bíblico de nombre aterrador: cúpula de calor. ¿Qué va a suceder con la Tierra? ¿Seguiremos soltando emisiones desmelenadas de CO2? ¿En qué yermo cultivaremos? ¿Quién tendrá la llave del agua? Un planeta achicharrado y con mascarilla.

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Jueves, 1 de julio. El ventrílocuo José Luis Moreno se libra del talego con una fianza de tres millones de euros y un Lexatin. ¿Dónde dormitaban sus títeres? Él y Mari Carmen triunfaron en la tele con los mismos estereotipos: el muñeco chulazo (Rockefeller / el Pato Nicol), el mariquita (Monchito / el león Rodolfo) y el paleto de pueblo (Macario / Doña Rogelia). Macario, con su boina y sus piernas peludas, había emigrado a Alemania en los años 70; Doña Rogelia, nariguda y con retranca de la serranía celtibérica, había nacido en Orejilla del Sordete. La burla sobre la España vacía y olvidada en el tiempo en que se amasaban los pelotazos. Al final, como en la vida misma, ganó el graznido de los cuervos. «¡Toma, Moreno!».

Más tarde, el mismo día. Cena con Manuel Machuca y otros amigos sevillanos. Aparte de las tapas, cuatro vacunas distintas sobre la mesa. Manuel, que es doctor en Farmacia y escritor, nos explica qué es eso del antídoto con ARN mensajero, y cómo esa técnica ayudará en la investigación de las enfermedades autoinmunes. Un hombre sabio, sólido, con una mirada esperanzada sobre el mundo. Suya es esta frase torpedo: «El fármaco más potente que hay es la redistribución de la riqueza».