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¿Coexistencia pacífica?

Los indultos no van a resolver el conflicto, pero sí van a abrir una larga etapa de negociación

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’, Pere Aragonès, se dirigen a su reunión en la Moncloa el 29 de junio.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’, Pere Aragonès, se dirigen a su reunión en la Moncloa el 29 de junio. / DAVID CASTRO

La semana ha acabado bien. En el marco de la OCDE, 130 países han acordado un impuesto mínimo de sociedades del 15%. Un gran paso, imposible sin la presidencia Biden. Pero el diablo está en los detalles y la europea Irlanda no ha firmado.

En España se ha logrado un importante pacto de pensiones. Pero el PP está en contra, recrimina a la CEOE su firma y, además, el ministro Escrivá olvidó que un buen ministro no debe decir siempre lo que piensa un solvente economista. Y junio ha certificado el rebote: 233.000 nuevos empleos y 84.000 trabajadores menos en erte.

En la relación Catalunya-España ha habido avances, pero 15 años de conflicto –desde los recursos contra el Estatut– no se borran con nueve indultos. Y menos si la derecha española y el maximalismo independentista (“juntos en unión”, como dice el himno requeté) lo torpedean todo. Josep Cuní, en Ser Catalunya, hace una pregunta diaria a sus oyentes. Los resultados no son científicos, pero “por el humo se sabe dónde está el fuego”. El lunes –tras la cena de inauguración del Mobile con Felipe VI, Pedro Sánchez y Pere Aragonès–, el 91% dijo desear que prosperara la nueva relación Catalunya-España. Pero el martes, el 63% manifestó que el Tribunal de Cuentas interfería en la estrategia de Pedro Sánchez con Catalunya. Y el miércoles, un 54% (contra el 46%) no sentía confianza tras la cumbre en Moncloa entre Sánchez y Aragonès.

Sánchez y Aragonès deben avanzar sin que la derecha y el maximalismo ‘indepe’ les descabalguen al acusarlos de traición  

El humo gris indica que no hay un nuevo Papa (un buen pacto al alcance de la mano), pero sí indica que se ha abierto otra etapa. Hagamos una atrevida comparación. Hasta la muerte de Stalin, las relaciones entre la URSS y Estados Unidos eran de gran hostilidad –guerra de Corea, golpe de Praga y creación del telón de acero–, pero a mediados de los 50 Nikita Kruschev proclamó la coexistencia pacífica: había dos sistemas mundiales incompatibles, pero debían coexistir pacíficamente una temporada, hasta la victoria del comunismo y la derrota del perverso capitalismo. Y aunque dio zapatazos en los pupitres de la ONU, las relaciones entre las dos potencias mejoraron. Incluso se salvó la crisis de los misiles de Cuba. Y al final el comunismo no ganó y se impuso un capitalismo teñido de algo de socialdemocracia.

Entre Madrid y Catalunya hemos vivido una época de enfrentamientos: sentencia del Constitucional contra un Estatut ya votado, declaración unilateral de independencia de 2017, ingreso en prisión de Oriol Junqueras y fuga de Puigdemont... Y la guerra fría continuó con Torra, negándose a negociar nada, y el juicio del Supremo.

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Quizá estemos saliendo de ahí y entrando en una etapa (Aragonès ha pactado dos años con JxCat y la CUP) de coexistencia pacífica entre dos posiciones incompatibles. Aragonès proclama, al salir de Moncloa, que exige la amnistía y un referendo de autodeterminación. Sánchez contesta en el Congreso que “nunca jamás”, salvo que lo aprueben las tres quintas partes del Congreso con el voto en contra socialista. Aragonès no puede decir otra cosa tras haber formado un Govern de 'desunida unidad independentista'. Sánchez dice la verdad: el PSOE ni quiere ni puede cambiar la Constitución por la puerta de detrás.

Pero la coexistencia pacífica puede dar paso a una ausencia de leyes que se extralimiten y de sus obligados recursos judiciales, a inversiones públicas y a medidas que vayan suavizando. Luego, como dice la canción, “es el tiempo quien después dirá”. Y Miquel Iceta, que en 2017 y en pleno 155 ya sugería los indultos, habla de un referéndum para votar un nuevo pacto. ¿Los del ‘no’ serían los de la independencia? Y de un federalismo no uniforme. ¿Euskadi? ¿Pasqual Maragall?

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¿Puede acabar la coexistencia pacífica en un pacto razonable dentro de dos años? Es más posible hoy que antes de los indultos. Miguel de Unamuno escribió en 1912 ‘Del sentimiento trágico de la vida’. Todo dependerá de si en Madrid y en Barcelona manda más el sentimiento planetario de la vida, o por el contrario, el del nacionalismo excluyente.

El futuro está abierto y estamos en Europa. No es una garantía. La UE existe, pero los viejos estados recelan. Y Marine Le Pen y Matteo Salvini la quieren destruir. En todo caso, siempre mejor la coexistencia pacífica que la permanente guerra fría.