Crisis climática

Ola de calor: Lo que queda de Lytton

Las víctimas tienen rasgos comunes: más de 53 años, soledad, alguna patología y en muchas ocasiones, falta de aparatos de aire acondicionado en su domicilio o el entorno donde colapsan

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Lytton en llamas

Lytton en llamas / RIVERS REMIX SOCIETY

Lytton. Su último registro oficial indica que vivían 249 personas en esta bucólica población canadiense considerada la capital del rafting hasta ahora. Fue colonizada durante la fiebre del oro, y el nombre que le pusieron no deja de ser un guiño triste del destino. Bulber-Lytton fue el autor de la célebre novela histórica Los últimos días de Pompeya. Esta semana, el lugar se ha convertido en el último epicentro del mal climático. La cúpula de calor, como han llamado los científicos al fenómeno, ha pulverizado los récords de temperaturas en una importante área del país, y las muertes por shock y deshidratación superan las 500 en la Columbia británica.

Morir de calor es la situación más patente del drama de la crisis climática; el siguiente paso en la trágica cuenta de muertes por incendios forestales, o por inundaciones, estrechamente relacionadas con la crisis climática. Uno cae fulminado y se acabó.

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49,6 grados centígrados alcanzó Lytton el miércoles, tras dos días consecutivos de temperaturas récord, y solo 24 horas después tenía que ser evacuada toda la ciudad por la voracidad de los fuegos causados por tormentas eléctricas en este ciclo del mal. El 90% de la ciudad ha sido arrasada y destruida hasta los cimientos. Lytton y Pompeya, unidas por la devastación. 

Sin argumentos se quedan los negacionistas de la crisis climática a estas altura. La aceleración de estos picos catastróficos supera las previsiones de ciclos de calor extremo cada cuatros años: solo en Canadá, en 2018 tuvieron la peor ola de calor hasta la fecha con cientos de fallecidos en unos días y en 2019 volvió el azote térmico que sitúa las decenas de muertes anuales en una estadística más. Las víctimas tienen rasgos comunes: más de 53 años, soledad, alguna patología y en muchas ocasiones, falta de aparatos de aire acondicionado en su domicilio o el entorno donde colapsan.

Los refugios climáticos

Barcelona no es Lytton pero bien ha estado que esta semana el Ayuntamiento haya difundido ya su mapa de refugios climáticos para este verano, un número que ha crecido respecto al año pasado y que incluye desde escuelas refugio hasta bibliotecas y centros cívicos pero también apunta los parques y jardines con sombra y vegetación, aliados contra el efecto de las altas temperaturas. 

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La pobreza energética vuelve a enseñar su peor cara en estos meses que vienen, empujada por el encarecimiento de la factura de la luz, que ha registrado cifras históricas también este mes que dejamos atrás. Que el precio de la electricidad, o la falta de aire acondicionado, obligue a abandonar su casa para ir a un lugar aclimatado en el barrio en un horario predeterminado -no hay refugios de 24 horas- no deja de ser una tirita en la herida abierta por el desorden energético que nos afecta, en el fondo, por no creernos que Lytton no es un pueblo de ficción, sino una realidad en la avanzada Canadá.