La factura independentista

Llegó la hora de pagar la gran broma

Parece ser que al Tribunal de Cuentas –hay que ver qué poco sentido del humor tienen en Madrid– no le gusta que el coste de la broma repercuta en todos los catalanes, incluso en los que no jugaban

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Llegó la hora de pagar la gran broma

Ahora lo que se lleva es decir que la Republiqueta fue una broma que España no entendió, es sabido que el humor catalán es muy especial. Pero yo recuerdo la época en que nos repetían que en 18 meses justos, in, inde, independientes. En aquellos tiempos, cualquier lacista tenía siempre un gráfico a mano en el cual constaban detallados todos los pasos a seguir hasta que, ale-hop, al cabo de 18 meses clavados, Catalunya se convertía en un nuevo Estado, no en cualquiera, sino en el mejor.

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Entrevisté a bastantes políticos de ERC y de JuntsxPowerpoint o como se llamara entonces. Hablo de políticos de larga trayectoria y experiencia, diputados, senadores, gente a quien se le tenía todavía cierto respeto intelectual, no de nenas de la CUP. Todos ellos, cuando les preguntaba si de verdad creían que en un año y medio republiqueta, sacudían levemente la cabeza y con un gesto de hastío por tener que explicar cosas tan simples, sacaban de algún lugar aquella especie de ‘powerpoint’, siempre el mismo, debían de repartirlo a todos los fieles, quién sabe si lo diseñaría el Vivales en una noche de insomnio. Allí, a base de flechas y diagramas, quedaba patente que en dos meses el referéndum, en cuatro, formación de una asamblea constituyente, en seis, aprobación de la constitución catalana, en 12, yo que sé, quizá colocar las aduanas y graduar a la primera promoción del flamante ejército y etcétera. Y en 18 meses, ni uno más ni uno menos, reconocimiento internacional, miembro de pleno derecho de la UE, sillón en la ONU y cada año a Eurovisión. Punto y final.

Me lo explicaron y enseñaron en bastantes ocasiones, siempre con cara de estar exponiendo un hecho inevitable, una hoja de ruta –todos decían “hoja de ruta”– incontestable. Y era literalmente incontestable, al menos yo era incapaz de contestar nada, ya que un solo pensamiento me venía a la cabeza.

–¿De qué frenopático se habrá escapado esta pandilla de majaretas?

Cualquier niño de pecho veía que aquello era una quimera, el sueño de una mala noche del Vivales, pero lo repetían en cada entrevista, a cada ocasión. ¿Nadie, allí dentro, era capaz de ver la dimensión de tamaña gilipollez? En lugar de eso, se les veía satisfechos de poder hacer partícipe de la verdad revelada a un escéptico como yo, un pobre periodista que era el único que aún no la conocía, y mira que es evidente, aquí está muy claro, ves: 18 meses. Y yo, una y otra vez, con un solo pensamiento.

–¿De qué frenopático se habrán escapado?

Se lo pasaron pipa, las bromas son muy divertidas, y si engañas a dos millones de personas, significa que eres un bromista excepcional. El único problema de las bromas es cuando llega el momento de pagarlas. Parece ser que al Tribunal de Cuentas –hay que ver qué poco sentido del humor tienen en Madrid– no le gusta que el coste de la broma repercuta en todos los catalanes, incluso en los que no jugaban. Al famoso ‘powerpoint’ le faltaba el apartado que decía “al final todo esto se tendrá que pagar”, también es mala suerte.

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O sea que ahora toca llorar, que es el arte que más domina el lacismo. Empezaron con España nos roba, siguieron el 1-O con España nos pega, más adelante, con el juicio, fue el turno de España nos castiga, y ahora la tabarra es España nos multa o, mejor dicho, España nos mata civilmente, que es la forma lacista de decirlo, mucho más épica y cruel, dónde va usted a parar. A mí me mataron civilmente hace dos días por no poner el tíquet de zona azul.

Por mí, como si quieren proclamar una republiqueta cada día desde un balcón distinto, lo único que pido es que por lo menos dejen de lloriquear, que al final el mundo va a pensar que todos los catalanes somos tan nenazas como los lacistas.