Aeropuerto de El Prat

Aprender a volar de nuevo

Es necesario que la ampliación de El Prat se lleve a cabo. Con garantías de cumplir las normativas medioambientales, pero también con los compromisos de impulsar el aeropuerto como hub para viajes internacionales de largo radio

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Llegadas T1 aeropuerto del Aeropuerto de El Prat, ayer.

Llegadas T1 aeropuerto del Aeropuerto de El Prat, ayer. / Ferran Nadeu

Barcelona lleva casi una década encajando pequeñas derrotas, muy dolorosas para su reputación. Son el resultado, en la mayoría de casos, de la falta de liderazgo o de los déficits de gobernanza de sus dos últimos alcaldes. Es cierto que convertirse en el escenario privilegiado, con proyección mundial, de los conflictos derivados del 'procés' no la ha ayudado.

Resurgida de la grisura franquista, Barcelona pudo despegar y voló, con el esfuerzo colectivo de su ciudadanía liderada por el alcalde Pasqual Maragall, a partir de los JJ.OO. del 92’.

Xavier Trias, el primer alcalde de la ciudad autodeclarado independentista, caracterizó su gestión por la declaración de moratorias frente a cualquier decisión controvertida. Su sucesora, la alcaldesa Ada Colau, también ha usado recurrentemente las moratorias. La necesaria ampliación del aeropuerto no se puede demorar.

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Aumentar el compromiso de Aena (uno de los principales operadores aeroportuarios mundiales) con el aeropuerto de Barcelona es muy relevante. Para al propio operador y para la ciudad. Es necesario que esta ampliación se lleve a cabo. Con garantías de cumplir las normativas medioambientales, pero también con los compromisos del operador de impulsar el aeropuerto como hub para viajes internacionales de largo radio, de incentivar la implantación de nuevas bases de aerolíneas y de desarrollar, en colaboración con la industria local, todos los recursos técnicos necesarios para que la huella de carbono de las actividades aeroportuarias terrestres tienda a cero. Los tres compromisos van a favor de crear nuevos empleos, al mismo tiempo que estrechan los vínculos de la ciudad con el resto del mundo. Los tres compromisos se pueden incluir en un contrato-programa. Estos serian los elementos para un buen acuerdo. Un acuerdo necesario para que Barcelona no quede descolgada de la centralidad en la red mundial de ciudades. Un acuerdo que ayudará a Barcelona a volver a volar.