Tras el covid

Tiempo de remontada

Ahora toca que la preocupación ceda el lugar al optimismo. De aquí pasaremos a la euforia, tal como ha ocurrido siempre, siempre, según reporta la historia, después de una epidemia, por mortífera que fuera

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Un grupo de gente en el paseo Marítim de Barcelona lanza sus mascarillas al aire.

Un grupo de gente en el paseo Marítim de Barcelona lanza sus mascarillas al aire. / JORDI OTIX

Vienen tiempos de remontada. Una vez pasado el verano y superado el rebrote entre los jóvenes, será ya del todo evidente que hemos dejado atrás una de las peores crisis posibles, no de las imaginables, y que habremos salido de ella a una velocidad extraordinaria y con unos daños restringidos, gracias a los avances de la medicina y a la sofisticada trama de la organización social.

A diferencia de un barco, que después del temporal debía hacer recuento de daños y dedicar a la tripulación a repararlos, y a diferencia también de una posguerra, que exige un período de reconstrucción, la pandemia no ha dejado secuelas devastadoras. Más allá del duelo por los muertos, que por desgracia de los desaparecidos y consuelo de supervivientes no suele durar mucho, todo lo que tendremos que lamentar es la crisis económica y el sufrimiento añadido de los que menos tenían y tienen aún menos. Pero esto se acaba, y la recuperación será más fulgurante de lo previsto, incluso en las proyecciones más optimistas.

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El factor que los analistas no tienen en cuenta es la euforia. La euforia no forma parte de su base de datos empírica y no sabrían cómo incorporar a sus logaritmos un concepto tan poco medible. En la evolución de los estados de ánimo colectivos ya dejamos atrás el miedo, sustituido por la prevención, que se relaja día a día. Ahora toca que la preocupación ceda el lugar al optimismo. De aquí pasaremos a la euforia, tal como ha ocurrido siempre, siempre, según reporta la historia, después de una epidemia, por mortífera que fuera.

Aún más en este caso, ya que la dejamos atrás mucho antes de tiempo gracias a los avances de la investigación, que se ha coronado por la celeridad de las vacunas, que también ha desbordado tanto las previsiones temporales como el escepticismo de no pocos especialistas sobre su eficacia. Las vacunas que se administran en Europa son muy buenas, mucho, y pronto llegarán a todos. De modo que los ánimos remontarán y se desencadenará la euforia. Tanto, que quizás habrá más bien que refrenarla un poco, antes de que se nos suba a la cabeza.