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Lluis Cortés, un relato incompleto

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Lluís Cortés sigue un entrenamiento del Barça femenino.

Lluís Cortés sigue un entrenamiento del Barça femenino. / FCB

El adiós de Lluís Cortés se solucionó con un comunicado del entrenador asegurando haberse quedado sin energía. Un “m’he buidat” de manual que hubiera podido resultar verosímil, si no hubiéramos sabido previamente que las jugadoras habían pedido su cabeza y el técnico no hubiera renovado hace dos meses.

Desde que se publicó la petición de las jugadoras, la plantilla y el club han ido a remolque de los acontecimientos y han quedado expuestos a una lectura que ni les beneficia ni probablemente sea justa con el grupo. Nos faltan piezas para completar el puzzle pero, puesto que no podemos ir más allá, expongamos los hechos que sí conocemos.

Y lo que sí sabemos es que el director deportivo, después de escuchar a las jugadoras, planteó ante la directiva que la única solución posible era la salida del entrenador. No solo eso, sino que su convicción era tan firme que estuvo dispuesto a dejar su cargo si se optaba por la continuidad de Cortés. El aval de Markel Zubizarreta es la mejor protección, el mejor indicio de que la demanda no es un capricho.

Vestuario complejo

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Un grupo que acaba de ganar un triplete debe tener argumentos muy sólidos para poder defender que el gestor de ese vestuario no puede continuar. Resulta incluso ofensivo para ese bloque, que ha visto llegar el éxito a base de esfuerzo, que se considere la petición como un intento para entrenar menos o por simple capricho. Quien dejara caer este razonamiento, quizás por no dar detalles de los motivos reales, no las tiene en gran estima.

El relato es incompleto, pero a través de esta primera gran crisis, vislumbramos que la complejidad de ese vestuario es, como mínimo, igual a la del masculino y, además, nos indica que el éxito traerá muchos retos por delante que requerirán una gestión superior a la realizada en esta ocasión. Porque no podemos valorar la salida de Cortés sin conocer toda la realidad, pero sí somos capaces de ver que este tramo final ha supuesto un enorme desgaste para la imagen de un vestuario que parecía idílico. Parecía.

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