ANÁLISIS

La España psiquiátrica de la Eurocopa

Ahora la cuestión es ver si Luis Enrique reincide en sus fantasiosos sueños iniciales o en las rectificaciones sobrevenidas

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Los jugadores de la selección, con Luis Enrique en primer término, en Las Rozas.

Los jugadores de la selección, con Luis Enrique en primer término, en Las Rozas. / Efe / Pablo García

Luis Enrique confeccionó una lista razonable para la Eurocopa. Era difícil seleccionar. España hoy tiene lo que tiene, los mejores jugadores de la Liga son de nacionalidad extranjera y los propios más destacados actúan en la Premier y otros campeonatos extranjeros. La presión mediática madrileña, tan influyente como sesgada por puro forofismo partidista y para aguantar en las audiencias y kioscos impulsaba a los no emigrantes pero la decisión de Luis Enrique de no convocar a gente del Real embarulló desde el principio su adhesión incondicional a España, hiciese lo que hiciese, salvo en el caso de José Antonio Camacho, comentarista de TV, tan fino y sutil ahora como cuándo jugaba, maravillado ante cualquier mediocridad que hagan los que llevan la camiseta que tanto añora. 

Al seleccionador nacional que llevo dentro -al igual que los demás futboleros de este país- le pareció que en todo caso a la lista le faltaba gol y que lo único imperdonable era la ausencia de Iago Aspas, que sabe crearlos y empujarlos. También me dejó el recelo de que si Luis Enrique dejaba algunas plazas por cubrir era para que si abría un resquicio de la pésima situación de Sergio Ramos poderlo incorporar a última hora para su deshonesta persecución por vías inmerecidas del récord de internacionalidades.

Pero de la lista aceptable el seleccionador sacó equipos inadecuados. Parece claro que los ejes de su pensamiento central eran apoyarse en la capacidad ofensiva de Marcos Llorente como carrilero, el entendimiento de Busquets y Pedri en el centro, así como una ayudita de la virgen de Lourdes al irregular Morata para que metiese por una vez goles de forma encadenada sin necesidad de llevar en el bolsillo las notas que le debió proporcionar su psiquiatra, si es que lo tiene. Por si acaso Luis Enrique completaba eso con un evidente papel de madre amantísima de este jugador en el que no confía y no indulta la mayoría de España. 

Defensa sin contundencia

Este eje ha fallado por casi todos los lados. Con Llorente la defensa perdió la contundencia natural de la línea que la afición y los expertos independientes creían garantizada con Azpilicueta, actualmente considerado como el mejor en sus funciones en la Premier. Para el cierre central el asturiano prescindió de otro hombre, Albiol, básico en el año triunfal del Villareal por brío competitivo y dio paso a su compañero Pau, más artista pero menos intimidador. Asimismo descartó recurrir a la conjunción adquirida con que llegaban desde el City Laporte y Eric García. Resultado: los pocos contrataques de Suecia y Polonia resultaron peligrosísimos tanto si estaban bien o mal construidos porque enfrente tenían una línea insegura y blanda.

La experiencia mediocampista catalana ha tardado en rendir por otras razones. La baja inicial de Busquets por covid y el agotamiento manifiesto de Pedri tras su espectacular campaña en el Barça fue bastante bien compensada por otros peloteros aunque de menos verticalidad y la selección empezó a batir el récord universal tanto de pases horizontales como de falta de asistencia real a Morata, a quien tampoco podía ayudar otro hombre en gran forma, Gerard Moreno, situado inicialmente en banquillo. Los cerrojos de los adversarios se convirtieron en muros insalvables, y cuando se abrían brechas la falta de puntería entusiasmaba a quienes únicamente echaban en falta a jugadores del Madrid y a todos los que ven el fútbol comulgando más o menos con Puigdemont.

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Los tortazos empujaron al final a Luis Enrique hacia la racionalidad. Fue rectificando en dirección a lo que le reclamaban hasta los seguidores menos expertos en hombres y tácticas, y de la mano de Azpilicueta, los del City, el regreso de Busquets, la consolidación de Gerard y los descansos a Morata (contra Eslovaquia se marcaron más goles sin él que con él a causa de que falló un penalti) salvó brillantemente el 'match point'. Ahora la cuestión es ver si Luis Enrique reincide en sus fantasiosos sueños iniciales o en las rectificaciones sobrevenidas. En cualquier caso la selección no parece destinada a un gran éxito, pero en fútbol todo puede pasar (como aquella vez que ganó Grecia o cuando le dieron el Balón de Oro a Cannavaro). Pero hay numerosos de equipos que parecen y son mejores y tienen más fuerza que amenazan convertir la experiencia del Año Sin el Madrid en una simple experiencia dentro de una transición que puede ser bastante larga, estrecha y chillona.