Editorial

Panorama abierto en Francia

La apatía demostrada en la primera vuelta de las regionales no permite llegar a conclusiones firmes. Le Pen ha tropezado, pero sigue siendo una opción real

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La líder del partido de extrema derecha francés, Marine Le Pen.

La líder del partido de extrema derecha francés, Marine Le Pen. / JEAN-PAUL PELISSIER (Reuters)

Las elecciones regionales del pasado domingo en Francia no han servido para aportar luz a la gran pregunta que pende en la opinión pública desde hace meses: saber si la extrema derecha de Reagrupación Nacional, dirigida por Marine Le Pen, tiene posibilidades de alzarse con el triunfo en los comicios presidenciales de la primavera de 2022. Al contrario, los electores se han pronunciado añadiendo más incertidumbre. No se ha producido el triunfo que se vaticinaba, haciendo entrar a la derecha clásica en la ecuación de posibles candidatos a las presidenciales. Pero las opciones de la extrema derecha siguen allí. 

En primer lugar, es difícil llegar a conclusiones firmes por la apatía mostrada a la hora de acudir las urnas. La participación, de poco más del 33% en el conjunto de las 13 regiones, ha sido la segunda más baja en los 63 años de la Quinta República. La falta de competencias sustanciales de las regiones en la muy centralizada Francia y la pandemia pueden haber contribuido al bajo interés de los electores a la hora de ir a votar.

Esta escasa participación habría perjudicado, especialmente, a la formación de Le Pen: buena parte del crecimiento que apuntaban los sondeos previos se debía a una mayor inclinación de los jóvenes por votar a la extrema derecha, colectivo que, en cambio, fue el más abstencionista el pasado domingo (un 85% de los votantes entre 18 y 34 años no acudieron a votar). Con vistas a la segunda vuelta del día 27 y ante la alianza del resto de formaciones es improbable, además, que la extrema derecha se alce con el control de la única región que parecía a su alcance (Provenza Alpes Costa Azul). No obstante, no conviene apresurarse a la hora de analizar sus resultados: pese a estar por debajo de las expectativas previas, la extrema derecha ha quedado segunda en nueve de las 13 regiones en liza y las encuestas hechas públicas durante este año por distintos medios apuntaban a una posible victoria de Le Pen en la primera vuelta de las presidenciales, del próximo mes de abril.

La otra gran derrotada de la jornada fue la formación del actual presidente francés, Emmanuel Macron. Cuatro años después de ganar, casi por sorpresa, en las elecciones presidenciales, La República en Marcha macroniana sigue sin superar su principal lastre: la escasa implantación territorial, en beneficio de los partidos tradicionales (los Republicanos y el Partido Socialista). Con el preocupante añadido, para las expectativas futuras de Macron, de que buena parte de los votantes moderados han optado, esta vez, por el centroderecha clásico.

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Por ello, más esperanzados pueden mostrarse Los Republicanos, la formación heredera del neogaullista Chirac y el liberal Sarkozy. Sus principales dirigentes locales apuntan a la reelección, el próximo domingo. Pero no pueden ocultar que carecen de candidato definido y de nuevas ideas que les permitan competir con claridad frente a Macron y Le Pen. Xavier Bertrand, que será probablemente reelegido como presidente de la región Altos de Francia, parece contar con más números que otros aspirantes (como Valérie Pecresse, Laurent Wauquiez o Michel Barnier, negociador europeo del Brexit) a la hora de hacerse con la candidatura de este espacio político. Pero aún no hay nada decidido, en ese campo.

Es necesaria mucha prudencia pues, más allá del alivio por el tropiezo de Le Pen, por tanto, de cara a sacar conclusiones para unas presidenciales cuyo resultado será decisivo para el futuro de nuestros vecinos. Y de Europa.