Premio al 'traidor'

Mi modesta candidatura a ‘botifler’

A buen seguro, señoritas de Arran, que son muchas las peticiones que están recibiendo de gente que se cree merecedora de tal galardón, no en vano es hoy, en Catalunya, el honor más alto al que se puede aspirar

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Manifestación de Arran en la Diada de 2020, en Barcelona.

Manifestación de Arran en la Diada de 2020, en Barcelona.

Señoritas de Arran, y noten (guiño) que las trato como a las mujercitas que afirman ser, haciendo caso omiso de bigotes, barbas o pelo en pecho, que pueden ser debidos a desajustes hormonales y no a maligna masculinidad:

Les escribo esta carta, al enterarme de que este sábado, en Sant Cugat, celebran la gala donde va a elegirse el Botifler del Año (traidor del año, pero a la catalana). A buen seguro que son muchas las peticiones que están recibiendo de gente que se cree merecedora de tal galardón, no en vano, ser ‘botifler’ es hoy, en Catalunya, el honor más alto al que se puede aspirar. Espero no abusar de su generosidad si me permito presentar mi candidatura. No quisiera parecer presuntuoso, pero algún valor han de tener tantos años riéndome del ‘procés’, de los lacistas, de los presos, de los exiliados y de los dos millones que se los toman en serio.

Nobleza obliga, debo reconocer que hay otros -grandes periodistas entre ellos- con tantos o más méritos que yo. Pero yo reivindico mis 16, o 32, ni siquiera sé cuántos, apellidos catalanes. No hagan caso de quienes pretenden optar al premio y calzan apellidos no catalanes. Esos pueden optar como mucho al título de Ñordo del Año, que no es poca cosa, ya me gustaría a mí. Pero no al de Botifler. Para eso hay que tener sangre vieja catalana. Como yo, si me disculpan la insistencia.

Tiempo ha, en Catalunya, ser un ‘botifler’ era un insulto, por ello les agradezco, señoritas, que hayan cambiado ustedes las cosas. Hoy, un ‘botifler’ es alguien que piensa por sí mismo, lo contrario de un lacista. Uno no tiene más que elaborar un listado de catalanes patriotas: la Rahola, Toni Albà, Cotarelo, Toni Soler o la Paluzie. Y poner al otro lado a los que alguna vez han sido calificados de ‘botiflers’: Serrat, Marsé, la Caballé, Boadella, Cercas y un largo etcétera. Tendría que ir uno cocido a vino, para dudar de a qué equipo apuntarse.

No negaré que en algunos momentos he flaqueado. Viendo a los catalanes oprimidos -entre los cuales, muchas de ustedes y sus familias-, con segunda residencia, sin problemas económicos, piscina privada, viajes y ropa de marca, más de un día he tenido ganas de que alguien me oprimiera. Pero uno se hace mayor y acaba valorando más el hecho de ser reconocido que las cosas materiales. Imagino el diploma de Botifler del Año, colgado en el recibidor de casa, a la vista de las visitas, y no puedo evitar emocionarme.

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Ya sé que últimamente Junqueras, Sànchez y otros están haciendo méritos -sin duda ha llegado a sus oídos la concesión de este premio-, pero esos son unos recién llegados al botiflerismo, tengo por seguro que ustedes tendrán en cuenta el historial de los candidatos. Un servidor, no es por presumir, nunca ha dejado de hacer méritos. Aquí donde me ven, me han reconvenido en más de una ocasión por no ponerme en pie cuando tocan ‘Els Segadors’ -ni siquiera me sé la letra, lo comento por si eso puntúa- me importan un pimiento los presos y los indultos, me cago en la Republiqueta, leo libros en castellano, me he hecho fotos con legionarios, voy al bar Cuéllar, no miro TV-3 y respondo en castellano cuando así se me dirigen. Ah, y un día insulté desde el coche a los lacistas que cortaban una carretera (reconozco que llevaba unas cervezas de más, igual así no suma puntos).

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Si me permiten la inmodestia, tienen en mí al candidato ideal. Si tienen a bien concedérmelo, prometo honrar este premio durante toda mi vida. Besos a todas.

PD: Avisen si a la gala se debe ir con traje.