Fatiga digital

Atrapados por la luz azul

Emerge la paradoja. El teletrabajo ha sido una solución de urgencia positiva para luchar contra las restricciones de movilidad por la pandemia, pero, a su vez, ha desdibujado los límites de espacio y tiempo

1
Se lee en minutos
Un joven teletrabaja desde su domicilio

Un joven teletrabaja desde su domicilio / Manu Mitru

¿Lo primero que hace cuando se levanta y lo último cuando se acuesta es mirar su teléfono móvil? ¿Siente fatiga digital, estrés, o no duerme bien? ¿Se lleva los dispositivos electrónicos a la cama, o sea, hace “vamping”? ¿Responde WatsApp’s, mails y llamadas personales o del trabajo a todas horas, aun sabiendo que la sobreconectividad digital es perjudicial para la salud? ¿Cuanto más conectado está digitalmente, se siente más informado, pero le embarga una sensación de aislamiento y soledad? ¿Sí? Pues, bienvenido al club de los que nos cuesta poner límites y caemos en comportamientos adictivos, que no nos benefician ni personal ni profesionalmente y solo nos generan malestar físico y psíquico hasta llegar a la enfermedad. Y es que, según varios estudios, en 2020 la población de España estuvo diariamente más de 6 horas conectada a Internet.

En el Observatori de Lideratge en l’Empresa, de la UPF-BSM, hemos entrevistado a 600 profesionales de todos los sectores empresariales. De los resultados, emerge la paradoja. El teletrabajo ha sido una solución de urgencia positiva para luchar contra las restricciones de movilidad por la pandemia, pero, a su vez, ha desdibujado los límites de espacio y tiempo. Trabajamos donde vivimos y, más allá de disponer de un horario flexible, trabajamos en tiempos de descanso, fines de semana y vacaciones. Porque no frenamos nunca nuestra comunicación digital. 

Noticias relacionadas

Comunicarse digitalmente sin freno no aumenta la productividad, aunque aparece como un signo de compromiso e implicación con la empresa. Pero no podemos resistirlo más. El anhelo de todos, directivos y trabajadores, es poder desconectar digitalmente para que nuestro cuerpo y nuestra mente puedan descansar. Atrapados por la luz azul de las pantallas, de onda corta, que sobreestimula nuestro cerebro y le confunde, desconectar deviene un aprendizaje personal con necesario acuerdo y pacto empresarial. Hay que tratar la desconexión digital como un derecho laboral imprescindible para la salud. Y tener claro que la hiperconectividad es el agujero negro por donde se escapan tiempo y salud.