Política exterior catalana

Una alianza mundial

La única utilidad del acuerdo es haberlo firmado con una gente de quienes ni sabemos nada ni queremos saberlo, puesto que ellos tampoco quieren saber nada nosotros

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La presidenta del Parlament, Laura Borràs, y el presidente del Congreso de Nueva Caledonia, Roch Wamytan, el pasado 4 de junio.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, y el presidente del Congreso de Nueva Caledonia, Roch Wamytan, el pasado 4 de junio. / Marta Pérez / Efe

El acuerdo entre Catalunya y Nueva Caledonia es la acción más importante llevada a cabo por el 'governet' en los últimos años. Que tal cosa hable por sí sola de la inutilidad del 'governet' no empaña el valor de ese gran acuerdo internacional. El mérito es haber elegido el país o lugar o isla o lo que sea, adecuado: igual que no hay ni un solo catalán capaz de situar a Nueva Caledonia en el mapa, tampoco hay un solo habitante de tan exótico lugar que sepa dónde está Catalunya. Firmar un acuerdo bajo tales características de equidad supone empezarlo con buen pie. Podríamos añadir que hay tantos catalanes a quienes les importa lo que ocurra en Nueva Caledonia como caleidoscópicos -o como se llamen- a quienes importa lo que ocurra en Catalunya: cero.

-Pues yo compro allí las bragas.

-Caledonia, señora Borràs, no Calzedonia.

La única utilidad del acuerdo es haberlo firmado con una gente de quienes ni sabemos nada ni queremos saberlo, puesto que ellos tampoco quieren saber nada nosotros. Esos son los acuerdos más duraderos. De haber sido con un lugar cercano y conocido, como Francia, Andorra o la isla de Lesbos, el 'governet' debería justificarlo, tal vez incluso -Dios no lo quiera- debería trabajar un poco. Y además, franceses, andorranos y lesbianos nos conocen, siendo lo más seguro que nos mandaran a tomar por culo, con perdón, que los catalanes no traen más que problemas. Con Nueva Caledonia no hay peligro, ni nos conocen ni tienen ganas de conocernos, así que basta con desearles mucho éxito en sus reclamaciones, que a saber cuáles son, pero como todo el mundo tiene algo a reclamar, así quedamos bien. Ellos van a hacer lo mismo, igual ya han mandado un telegrama deseando a los catalanes que nos vaya todo de perlas, y a otra cosa, mariposa.

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Conociendo la proverbial inteligencia de quienes nos gobiernan, habrán elegido Nueva Caledonia tras concluir que si la hay nueva también la habrá vieja, cosa que les asemeja a los catalanes, que aspiramos a ser la Dinamarca del Sur, o sea, la Nueva Dinamarca. Claro que eso era antes de que el proceso se derrumbara como un castillo de naipes, ahora nos conformamos con ser la Nueva Caledonia del Este. O del Oeste, eso dependerá de por qué lado viajen hacia allí nuestros representantes, que a buen seguro no tardarán en ir, con todos los gastos pagados. Por nosotros.

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