Indultos y mesa de diálogo

Volvemos a las andadas

Para ERC, y específicamente su presidente, los indultos ahora ya son bien vistos; para Junts, sin negar que los indultos beneficiarán a las personas presas, existe el temor de que también sirvan para disminuir el clima reivindicativo local

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Pere Aragonès y Pedro Sánchez se saludan.

Pere Aragonès y Pedro Sánchez se saludan. / REUTERS / ALBERT GEA

No han pasado ni quince días y el Gobierno de la Generalitat ya ha manifestado su discrepancia en un tema no menor: la estrategia política de futuro en cuanto a la independencia. La lectura de los textos escritos por Oriol Junqueras y por Jordi Sànchez, publicados en diversos medios de comunicación, demuestra hasta qué punto el acuerdo de gobierno entre ERC y Junts es interpretado de manera muy diferente por los líderes de cada partido.

 

Mientras el primero rechaza la utilización de la vía unilateral para alcanzarla, ya que no la considera viable en el marco jurídico español ni aceptable en el ámbito internacional, y reconoce que el referéndum del día 1 de octubre fue un error, el segundo reivindica que todas las vías democráticas, incluida la unilateral, puedan ser aplicadas y que poner las urnas para que la ciudadanía exprese su opinión nunca puede ser una equivocación.

 

Más allá de otros comentarios sobre el contenido de los dos textos, el primero destinado a facilitar los indultos pero también la nueva convocatoria de la mesa de diálogo entre el Gobierno español y el catalán, y el segundo dedicado a rebatirlo y a sugerir que el presidente de la Generalitat está sometido a la vigilancia del presidente de su partido, Oriol Junqueras, las dos cuestiones esenciales planteadas son los indultos y la mesa de diálogo.

 

Para ERC, y específicamente su presidente, los indultos ahora ya son bien vistos y, sin renunciar a la amnistía, los aceptan debido a que aligeran la vida de las personas presas y de sus familiares y para dar paso a una nueva etapa de relaciones políticas alejada de la parálisis actual y de la vía judicial. Para Junts, en cambio, sin negar que los indultos beneficiarán a las personas presas, existe el temor de que también sirvan para disminuir el clima reivindicativo local y los pocos apoyos recibidos fuera de Catalunya, así como para reavivar la mesa de diálogo en la que nunca han creído, porque fue ERC quien la acordó con el PSOE-UP.

 

El president Aragonès ya ha empezado a hablar con el presidente Sánchez. Ahora lo tiene que hacer con Junts, para garantizar que la próxima reunión de la mesa sea eficaz y que las legítimas discrepancias internas no ocasionen una nueva paralización del diálogo

Conviene, pues, que todo el mundo tenga claro qué hay detrás de las posiciones políticas de cada partido en Catalunya y en el resto del Estado. De la posición de la ultraderecha no es necesario hablar y de la posición de lo que queda de Cs, tampoco. El PP, como siempre y en todos los temas, aspira a debilitar al actual Gobierno de coalición y a mejorar sus expectativas de voto. La memoria, sin embargo, le falla y ha olvidado las consecuencias de su anterior recogida de firmas en toda España contra el Estatut catalán. El resto de partidos que apoyaron al actual Gobierno también le apoyan para decretar los indultos y recuperar el diálogo institucional constructivo.

 

Se han publicado algunas encuestas sobre la posición de la ciudadanía respecto a los indultos, lo que nunca se había hecho en otros indultos de personajes famosos como exministros, banqueros o militares golpistas, y los resultados son muy diferentes en Catalunya del resto del Estado. Aquí, unos dos tercios los aprueban y allí solo uno. La consulta debería incluir una cuestión sobre cómo superar el enquistamiento de las relaciones entre Catalunya y España y qué propuestas debería hacer cada parte.

 

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La derecha, aquí y allí, opta por mantener la parálisis y no ofrece ninguna alternativa ni ninguna propuesta constructiva. El Gobierno español de coalición, con los indultos y la disposición a convocar la mesa de diálogo, tras las conversaciones telefónicas entre los presidentes y la reunión presencial prevista, marca el inicio de una nueva etapa. Sería imperdonable que el Govern catalán dejara pasar esta oportunidad y no optara por poner sobre la mesa de diálogo más cuestiones que la amnistía y el referéndum.

 

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La inmensa mayoría del Parlament de Catalunya está a favor de los indultos y del diálogo. Los dos partidos que gobiernan, también, pero con diferente intensidad y convicción. El president Aragonès ya ha empezado a hablar con el presidente Sánchez. Ahora lo tiene que hacer con Junts, para garantizar que la próxima reunión de la mesa sea eficaz y que las legítimas discrepancias internas no ocasionen una nueva paralización del diálogo ni la asunción de acuerdos beneficiosos para la ciudadanía. No nos lo podemos permitir.