Pros y contras

No fue un espejismo

El 1 de Octubre fue un día real con unas urnas reales y con unos votos reales y con una represión real, que desembocó en una irreal declaración de independencia

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Incidentes en Sant Julià de Ramis, durante el 1 de octubre de 2017.

Incidentes en Sant Julià de Ramis, durante el 1 de octubre de 2017.

No estoy de acuerdo con lo que dice mi amiga Emma. No creo que el 1 de Octubre fuera una farsa, en el sentido de una "cosa fingida que se pretende hacer pasar como verdad". Fue un día real con unas urnas reales y con unos votos reales y con una represión real, que desembocó en una irreal declaración de independencia, hecha más de sueños efímeros que de la constatación de un hipotético mandato de los ciudadanos. No descarto, es cierto, que muchos de los que participaron, de los que promovieron aquel referéndum, lo vivieran con la convicción de llevar a cabo un acto fundacional, cegados por la simbología, pero también es verdad que hubo muchos lo vivimos, amedrentados y aterrados por el odio que veíamos a nuestro alrededor, con la idea de estar llevando a cabo una colosal reivindicación colectiva.

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El error monumental fue que la misma noche del 1-O no se emitiera el mensaje de una victoria moral y que la cosa se alargara hasta donde se alargó. Por eso creo que es bueno que ahora se abandonen los cantos de sirena y que nos aferremos, como Ulises, al mástil de la nave para no sucumbir a las dulzuras que llevaban al naufragio. No fue un fingimiento. Tampoco fue un espejismo.