Pros y contras

Amar, que no es preferir

En la selectividad, los estudiantes ya tenían "el derecho a elegir el idioma de su elección", y los que elegían el castellano, que eran (y son) pocos, no salían del examen con una marca de fuego en el pecho

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Unos 40.000 alumnos catalanes empiezan la selectividad de la pandemia sin incidencias. En la foto, exámenes en el campus de la Ciutadella de la UPF. / FERRAN NADEU / VÍDEO: EFE

Ha pasado lo que era normal que pasara, que la gran mayoría de estudiantes han elegido, como siempre, el examen en catalán. No por nada, sino porque, simplemente, es lo que tienen más a mano. Y de aquí no se puede extraer una lectura sociolingüística, porque sabemos la miseria en la que vive la lengua catalana, fuera y dentro de las aulas. Además, los estudiantes ya tenían "el derecho a elegir el idioma de su elección", y los que elegían el castellano, que eran (y son) pocos, no salían del examen con una marca de fuego en el pecho, que enseñara a los demás la valentía de hacer frente a tan fantasmagórica persecución. Salían del examen y muy probablemente lo comentaban, en castellano, con los compañeros. Y punto.

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Pero los tribunales se empeñan en complicarnos la vida. Y, encima, lo hacen con faltas. Es lo mínimo que se debería exigir a quien decide con tanta ceguera sobre las lenguas. El comunicado del TSJC dice que el alumno debe poder elegir "l’idioma que estimi” (que ame, tal cual). En catalán, para que 'estimar' signifique considerar (y no 'amar'), tenemos que pronominalizarlo: "L’idioma que s’estimi més”, el que 'prefiera', pues, el que elija. Quizás deberían hacer la Sele, los jueces.

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