Indultos del 'procés'

Dale una oportunidad a la concordia

El indulto no garantiza nada. Pero no concederlo garantiza la nada. La pregunta no es si soluciona la cuestión, sino si merece la pena darnos la oportunidad para hacerlo

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Pablo Casado atiende a Pedro Sánchez en el Congreso, en marzo pasado.

Pablo Casado atiende a Pedro Sánchez en el Congreso, en marzo pasado.

De nuevo se cumple una de las pautas más inexorables de la historia de España. Nada excita más el odio en este país que llamar a la concordia. Si pactar significa rendirse, como informó aquel funcionario de la embajada alemana para explicarle a Ángela Merkel cómo se las gastan aquí, concordar supone alta traición. Se paga con el escarnio público más feroz en la plaza más grande disponible.

No todo iban a ser desgracias entre los cataclismos electorales, orgánicos y sociales que analistas y rivales auguran al Gobierno si concede la gracia. Ha sido mencionar el indulto y la derecha ha reaccionado agotando el catálogo de reflejos pavlovianos. El Ejecutivo ha recuperado en seco la iniciativa política y el control de la agenda, perdidos tras el desastre electoral de Madrid, o al permitir que le convirtieran la buena noticia del fin del estado de alarma en aquel drama jurídico que ya nadie recuerda. 

Los papeles han vuelto a intercambiarse en esa saga que representa a diario la política española. Hasta la irrupción del indulto, el relato dominante presentaba a un presidente ensimismado que nos castigaba con restricciones caprichosas mientras el líder popular invitaba a cañas y libertad. Volvemos a los roles prepandemia. Pedro Sánchez ofreciendo concordia y Pablo Casado agotando gruñón los epítetos del diccionario. Tras la desenfadada comedia de enredo protagonizada por Díaz Ayuso, la derecha torna al dramón calderoniano. Tras la superproducción de catástrofes donde la mitad de los protagonistas muere, la izquierda vuelve a una historia humana de generosidad. La alegría cambia de bando, otra vez. 

Casado tiene un problema serio si Fernando Savater y Rosa Díez pueden marcarle la agenda. Puesto que, además, es el líder de la oposición, el problema también lo tiene España

Hemos regresado a 2019. Ningún insulto nuevo bajo el sol. La derecha ya ha agotado todas las acusaciones posibles contra Sánchez. Las ha quemado tan rápido que no le quedan ni para tapar las angustias penales de Dolores de Cospedal. Viejos y nuevos barones socialistas se aparecen por 'streaming' para anunciar susto o muerte. Unos y otros olvidan que ya votamos este dramón de felonía y traición entonces, dos veces. En ambas ocasiones la 'España encabronada' de Colón acabó aquietada en las urnas por la 'España desencabronada' que no acude a Colón. En abril de 2019, Albert Rivera casi 'sorpassa' a Casado, su nuevo mejor amigo. En noviembre de 2019, Vox se convirtió en su peor pesadilla. 

Las encuestas afirman que una mayoría semejante a la que apoya los indultos en Catalunya los rechaza en España. Puede ser. Aunque puede que todo dependa de cómo se formula la pregunta. En cualquier caso, no significa que, dentro de dos años, dejen de votar a un Gobierno al cual ya habían votado, dos años antes, mientras la derecha denunciaba el indulto más preavisado de la historia. Aquellos votantes continúan queriendo lo mismo, pasar página; no regresar al pasado

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En este día de la marmota, la única novedad llega con la trampa de equiparar indulto e incumplimiento de la ley. El derecho de gracia es ley -artículo 62 CE- y ejercitarlo también es cumplirla. No se trata de revisar el juicio. De eso ya se encargará la justicia europea. Se trata de ejercer una medida de gracia prevista legalmente por razones de oportunidad. Usar la ley no contra el otro, sino para reconstruir puentes con el otro, cambiar un relato de confrontación por otro de entendimiento, facilitar que el Estado y sus instituciones puedan recuperar parte de la legitimidad que, sin duda, han perdido ante muchos catalanes y demostrar seguridad democrática ante los socios europeos. ¿Hay alguien que, de verdad, crea que se puede avanzar en una solución política para Catalunya sin resolver antes la situación de los presos? El indulto no garantiza nada. Pero no concederlo garantiza la nada. La pregunta no es si soluciona la cuestión, sino si merece la pena darnos la oportunidad para hacerlo.

Casado tiene un problema serio si Fernando Savater y Rosa Díez pueden marcarle la agenda. Puesto que, además, es el líder de la oposición, el problema también lo tiene España. Si alguien en Colón levantase la mano y tomase la palabra para preguntar: y ahora cuál es el plan, comprobaría que ninguno entre los convocantes le contesta porque ninguno tiene más plan que abarrotar la plaza.