ANÁLISIS

Los balbuceos del deportista

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Osaka celebra su triunfo en Australia

Osaka celebra su triunfo en Australia / Osaka celebra su triunfo en Australia

En un Abierto de EEUU, un grupo de periodistas rodeábamos a un tenista que empezaba a despuntar. Algunos le doblaban en edad. Le empezamos a arrojar preguntas, lo típico, preguntas sobre el estado de su juego y de su nivel de confianza para afrontar el Grand Slam. Visiblemente tímido pese a los esfuerzos por mostrar determinación, aprovechó que pasó por el lado un colega de la raqueta para escapar tras la segunda respuesta. Alegó una excusa banal y con un brinco se marchó. Qué borde, fue el comentario al que todos asentimos. Puede que lo fuera (o no), pero tiempo después se le escuchó decir la angustia que sentía ante la prensa.

Esa ausencia de habilidad para confrontar interrogatorios públicos, ya no solo por carencia de recursos comunicativos sino de seguridad en uno mismo, ha gozado generalmente de poca comprensión. Raramente empatizamos con la dificultad de jóvenes deportistas que se cobijan en frases mecanizadas para solventar el trámite de dar respuesta a preguntas que a veces vienen con punta afilada. Como si pegarle de maravilla de empeine o sacar a 200 km/h ante gradas llenas debiera acompañarse de fluidez para evaluar el juego. Jugar es una cosa y hablar en público es otra. Tan obvio y tan ignorado.

La vulnerabilidad

Naomi Osaka ha expuesto esta semana como nadie el camino escarpado que resulta para algunos deportistas acudir a las comparecencias de prensa. En su caso, su ansiedad se asocia a su lucha interna con la depresión, y mucho se ha hablado de ello en los últimos años en el deporte gracias a los diversos casos que los propios afectados han sacado a la luz. Tener éxito en tu disciplina y estar deprimido no es contradictorio, como ha quedado demostrado. Osaka, no obstante, concretó la vulnerabilidad que siente al exponerse ante los medios. “No soy una oradora pública innata y siento grandes descargas de ansiedad antes de hablar con los medios de comunicación del mundo”, escribió en el texto en que justificaba su retirada de Roland Garros.

Osaka prefiere expresarse en sus redes sociales. Como la mayoría de los deportistas. Más fácil, mejor control de lo que uno dice, rindiendo cuentas a la carta. No es de extrañar que Osaka juzgue el formato de las ruedas de prensa como “anticuado”. Una percepción generacional que colisiona con la concepción de negocio de Roland Garros y todos aquellos que organizan grandes eventos deportivos. El tenista habla y el periodista tiene una historia sobre la que escribir, y eso ayuda a proyectar el tenis, porque con la atención llegan los patrocinios, el valor de los derechos de televisión y la venta de entradas. Y los jugadores, en retorno, puede ingresar más. Así ha funcionado siempre la maquinaria. 

El papel de las redes sociales

Solo que ahora, muchos tenistas o deportistas en general pueden llegar a recaudar más por patrocinios individuales que por jugar. Y con millones de seguidores en sus redes, pueden saltarse olímpicamente al intermediario. No es de extrañar que la ecuación de toda la vida ya no les cuadre. "En nuestros días, sin la prensa nadie hubiera sabido quiénes éramos o qué pensábamos", dijo la mítica Billy Jean King. Para Osaka y los de su edad los medios tradicionales no son necesarios para que el mundo sepa qué le gusta, disgusta o qué piensa de la vida en general.

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Limitadas ya las entrevistas, Osaka ha abierto ahora un pulso para borrar la obligatoriedad de someterse a ruedas de prensa. Falta saber si se le van a unir otros jugadores. Luchar contra el sistema es duro. Y no todos tienen el estatus de superestrella de la japonesa. Son muchos los que no pueden prescindir de la atención cuando les llega, por no hablar de los animales mediáticos, que lo hay, que disfrutan del juego entre micrófonos y focos.

A lo mejor los torneos deberían ser más flexibles que Roland Garros en determinadas situaciones; a lo mejor los deportistas deberían recibir asesoramiento en cómo expresarse en público para espantar el miedo al periodista. En cualquier caso, si un día les oímos balbucear, acordémonos que, aparte de ricos, son jóvenes, muy jóvenes.